Por Florencia Sal
Plato
Possible existence of the unwritten doctrine
Resumen
En la presente
comunicación se busca simplemente introducir al lector en el complejo
e interesante tema de la doctrina no escrita de Platón. Al parecer dentro
de la Academia se transmitían conocimientos de diferente índole
a los expuestos en los diálogos. ¿Es esto posible? Consideramos
que dadas las características de la paideia platónica, las exigencias
a las que debe responder el filósofo, la vigencia de la trasmisión
oral aún en época de Platón y la importancia que él
mismo le otorgaba, además de las apreciaciones que realiza en los diálogos
y los testimonios indirectos, la probabilidad de su existencia es casi una certeza,
verificable quizás algún día.
Palabras clave: doctrina no escrita, Platón, oralidad, testimonios indirectos.
Abstract
This paper pretends to introduce you into the amazing problem of Plato´
s unwritten doctrine. Inside the Academy another kind of knowledge is given
to the students. This teaching is different form the one expose in the dialogues.
Is this possible? The special conditions needed to be a philosopher, the hole
platonic paideia, the importance of oral transmission even in Plato´ s
days, the importance of the face to face communication, the undirected testimonies
and also what Plato says in his dialogues gives us the clues to solve this riddle
anytime.
Key words: unwritten doctrine, Plato, oral message, undirected testimonies
Prólogo
Hace muchos
años encontré una cita en un libro de Havelock, Aux origines de
la civilisation écrite en Occident, que atrajo mi atención a tal
punto que no dejé de pensar en ello hasta hoy.
Havelock exponía en dicha obra, la poderosa fuerza que la cultura oral
ejerció en la historia de la humanidad, y la trascendencia que la oralidad
implica para el ser humano. A fin de reforzar su tesis, rastrea dentro la cultura
greco romana ejemplos que la ilustren. El autor menciona pues, la postura de
Platón respecto de la escritura, haciendo referencia a la Carta VII.
Inmediatamente comencé la lectura de la misma pues en ella Platón
expresa algo de fundamental importancia, que obliga a tomar partido, ya que
de ser aceptado modificaría el punto de vista de la doctrina platónica.
Cito a continuación:
“En todo caso, al menos puedo decir lo siguiente a propósito de todos
los que han escrito y escribirán y pretenden ser competentes en las materias
por las que yo me intereso, o porque recibieron mis enseñanzas o de otros
o porque lo descubrieron personalmente: en mi opinión es imposible que
hayan comprendido nada de la materia. Desde luego, no hay ni habrá nunca
una obra mía que trate estos temas; no se pueden, en efecto, precisar
como se hace con otras ciencias, sino que después de una larga convivencia
con el problema y después de haber intimado con él, de repente,
como la luz que salta de la chispa, surge la verdad en el alma y crece ya espontáneamente.
Sin duda, tengo la seguridad de que, tanto por escrito como de viva voz, nadie
podría exponer estas materias mejor que yo; pero sé también
que si estuviera mal expuesto, nadie se disgustaría tanto como yo. Si
yo hubiera creído que podían expresarse satisfactoriamente con
destino al vulgo por escrito u oralmente, ¿qué otra tarea más
hermosa habría podido llevar a cabo en mi vida que manifestar por escrito
lo que es un supremo servicio a la humanidad y sacar a la luz en beneficio de
todos la naturaleza de las cosas?. Ahora bien, yo no creo que la discusión
filosófica sobre estos temas sea como se dice, un bien para los hombres,
salvo para unos pocos que están capacitados para descubrir la verdad
por sí mismos con unas pequeñas indicaciones. En cuanto a los
demás, a unos les cubriría de un injusto desprecio. Lo que es
totalmente inadecuado, y a otros de una vana y necia suficiencia, convencidos
de la sublimidad de las enseñanzas recibidas”.[1]
Semejante
afirmación, viniendo de la boca de Platón, ¿qué
significa?, ¿cómo podía Platón desechar sus propios
diálogos?, ¿cómo es posible que en ellos no esté
expuesta su doctrina?. Más adelante incluso agrega:
“Precisamente por ello cualquier persona seria se guardará mucho de confiar
por escrito cuestiones serias, exponiéndolas a la malevolencia y a la
ignorancia de la gente. De ello hay que sacar una simple conclusión:
que cuando se ve una composición escrita de alguien, ya se trate de un
legislador sobre leyes, ya sea de cualquier otro tema, el autor no ha considerado
estas cuestiones como muy serias, ni él mismo es efectivamente serio,
sino que permanecen encerradas en la parte más preciosa de su ser. Mientras
que si él hubiera confiado a caracteres escritos estas reflexiones como
algo de gran importancia, “entonces seguramente es que, no los dioses, sino
los hombres, le han hecho perder la razón [2]”. [3]
¿No
son serios acaso los temas tratados en los diálogos? ¿Qué
puede ser más importante que la reminiscencia, la inmortalidad del alma,
la teoría de las Ideas?.
Es por esto que inicio la búsqueda de explicaciones a un nuevo y al mismo
tiempo viejo problema que nos propone el sinuoso camino de nuestra amada sofía;
esperando encontrar una respuesta pero con la certeza de hallar nuevas e insolubles
preguntas, intentaré exponer el enmarañado recorrido de manera
muy somera limitándome a presentar en esta comunicación sólo
los problemas y las conclusiones. El tema ha sido tratado en un trabajo mucho
mayor, de próxima publicación en el que desarrollé a fondo
algunos de los problemas que serán aquí simplemente mencionados.
I
Problemas
La antigüedad
presenta innumerables problemas a los estudiosos de la misma. Los interesados
en filosofía antigua, nos encontramos frente a enormes dificultades al
momento de comenzar una investigación respecto de un filósofo
en particular, así como de todo el período en general. Por un
lado tenemos problemas relacionado con las fuentes directas, por otro con las
fuentes indirectas. La distancia, en tiempo y comprensión de las ideas,
que nos separa de ellos, oscila entre 2500 y 1500 años. Entre las mismas
fuentes median lapsos de tiempo inimaginables. Simplicio [4], último lider
de la Academia, vivió entre 500 d. C. y el 600 d. C., unos aproximadamente
900 años después de Platón, el fundador de dicha institución
filosófica.
Havelock [5], por ejemplo, nos
alerta sobre otro aspecto conflictivo; dice que probablemente nunca conozcamos
las grafías exactas que usó Platón al escribir sus diálogos.
La ortografía de los textos griegos impresos en nuestros días
son la consecuencia de elecciones fonéticas de los alejandrinos del período
helenístico y de aquellas convenciones suplementarias adoptadas por los
bizantinos miles de años después.
Cornford [6] nos recuerda que
conservamos la totalidad del trabajo de Platón y un largo cuerpo de escritos
técnicos de Aristóteles, pero los escritos existentes del período
anterior a ellos, podrían compilarse en un pequeño volumen. De
Parménides se conserva sólo la primera parte de un poema, aproximadamente
120 líneas. De la escuela Milesia, dos oraciones y unas frases. De Heráclito,
Empédocles, Anaxágoras, y Demócrito, fragmentos tan discontinuos
que solo pueden organizarse de manera probable.
A este panorama se suma la expresión de Platón citada en el prólogo, donde señala, que sus diálogos no contienen las enseñanzas fundamentales, pero sin embargo es justamente de él de quien se conserva la obra en su totalidad.
He aquí
nuestro problema ¿qué hacer? ¿desprestigiar la obra platónica
a favor de una supuesta doctrina inexistente?, ¿considerar lo dicho por
Aristóteles y otros? ¿reconstruir una doctrina teniendo ya una
escrita por puño y letra de Platón?
Inevitablemente esta afirmación platónica suscita el problema
al que se denomina como el de la doctrina esotérica o doctrina no escrita.
La denominación de “esotérico” surge debido a la existencia de
una doctrina secreta o parcialmente secreta enseñada puertas adentro
de la Academia, que no puede ser comunicada a un público, sin preparación
previa, contrapuesta a la doctrina exotérica o pública enseñada
a todo aquel que tenga interés en leer los diálogos.
El tema de la doctrina no escrita de Platón divide a los estudiosos de la filosofía antigua en dos grupos. Por un lado están los llamados esoteristas, que son aquellos que aceptan las expresiones de Platón respecto de la existencia de una doctrina enseñada oralmente y nunca escrita, así como las fuentes indirectas que lo testimonian, siendo la más cercana en el tiempo, a Platón, lo manifestado por Aristóteles, siguiendo por Aristoxeno, Teofrasto, Simplicio, Alejandro, Sexto Empírico, Jámblico y Pseudo Alejandro. Este grupo está representado por la escuela de Tübinge que desarrolla sus hipótesis alrededor de 1950 y cuyas investigaciones se profundizaron y adquirieron nuevos adeptos en los últimos años. Krämer y Gaiser son sus principales exponentes, Giovanni Reale se ha transformado en uno de los más fervientes defensores de la doctrina esotérica y en especial de esta nueva interpretación de Platón. Algunos otros como Findlay, Szlezák, Annas, Richard, Hadot, Ross secundan estas ideas, siendo cada vez más fuerte e importante el grupo. Un dato relevante es que las obras de los alemanes y de los italianos están siendo traducidas al inglés y al castellano. La importancia de este dato radica en que es justamente entre los anglo parlantes entre los que se encuentran los representantes más apasionados del segundo grupo, o sea el de los antiesoteristas, que son quienes se resisten con más firmeza a aceptar “suposiciones” poco consistentes. Son ellos los que descartan la importancia de la doctrina esotérica en favor de la lectura de los diálogos, con diversos argumentos, algunos de ellos muy contundentes. El momento más álgido de la disputa sucedió cuando Harold Cherniss publicó El enigma de la Primera Academia, libro en el que se transcribieron una serie de conferencias en donde se argumenta punto por punto en contra de la doctrina, resultando una obra lapidaria, que suscitó múltiples adhesiones. Richard [7] califica al resto de los antiesoteristas como moderados, pero consideramos que no hay moderados en esta discusión dado que todas las objeciones merecen nuestra total atención.
El objetivo
de la presente investigación es demostrar la existencia de la doctrina
no escrita de Platón.
Platón da en muchas de sus obras numerosos testimonios que refuerzan
la hipótesis del trabajo. La República, el Timeo, las Leyes, el
Fedro, el Parménides y principalmente la Carta VII, aportan datos explícitos.
Algunos aspectos de su vida, como por ejemplo, su relación con Sócrates,
el maestro que nunca consignó por escrito su saber; su relación
con los pitagóricos, sabios místicos, maestros del secreto; su
educación; sus acciones en política y los avatares de su vida
personal refuerzan la idea de una enseñanza de carácter elitista
realizada puertas adentro de la Academia.
El contexto histórico cultural especialmente el momento de transición
entre la oralidad y la cultura escrita, analizados tanto por Reale como por
Havelock; son un punto más a favor de nuestra hipótesis.
Las características de la comunicación exigidas por Platón
como imprescindibles, sumadas a las del filósofo, son otras condiciones
de importancia. Una especial mención merece el uso de los mitos al que
es tan afecto nuestro autor.
Las conjeturas respecto de la conferencia Sobre el Bien, que pueden ampliarse
apelando al valiosísimo aporte de Gaiser, presentan aspectos a favor
y en contra de nuestra posición.
Los testimonios llamados indirectos de Aristóteles, Aristoxeno, y Teofrasto,
contribuyen por su proximidad en el tiempo al autor, a clarificar algunos conceptos.
Es importante también señalar, la presencia de doctrina esotérica
y exotérica en la obra aristotélica.
El material
propuesto por Krämer en su libro: Platón y los fundamentos de la
Metafísica, es de fundamental importancia para la reconstrucción
del contenido hipotético de la doctrina esotérica de Platón.
También lo es el aporte de Szlezák respecto del silenciamiento
adrede de algunos temas platónicos, así como las observaciones
de Reale tocante a la unidad del pensamiento de nuestro autor. Pero nuestro
esfuerzo no sería completo sin el análisis de los argumentos contrarios
a la doctrina esotérica, en especial la aguerrida y tajante argumentación
de Cherniss, tan valiosa al momento de decidir si aceptar la hipótesis
de los esoteristas, así como la de Gadamer, Guthrie y Tigerstedt.
Tendremos en cuenta también el problema que presenta la autenticidad
de la Carta VII dado que sobre la misma se apoya parte de la argumentación
a favor de la doctrina.
Fue necesario incluir una cronología de los pensadores de la Antigüedad
Clásica, debido por una parte, al prolongado periodo de tiempo que abarca
la Filosofía Antigua y por otra al recorrido que realizan tanto los testimonios
indirectos, como las obras de Platón y Aristóteles.
II
Reflexiones respecto de las objeciones a la doctrina no escrita.
Respecto de las objeciones planteadas por los antiesoteristas es necesario hacer
referencia a algunas de ellas que consideramos pueden refutarse.
El problema de la autenticidad de la Carta VII, tema que fue tratado con anterioridad representa el primer escollo para decidirnos a favor de los esoteristas o de los antiesoteristas, pues es allí donde Platón desecha los diálogos, y que de atenernos a la misma, la posición a tomar es más o menos extrema. Sin embargo la evidencia ofrecida por el Fedón respecto de la postura platónica frente a la escritura, sumado a todos los pasajes de silenciamiento en los diálogos, están a favor de los esotéristas, aunque existan dudas respecto de la autoría de la Carta, dado que si la misma no fue escrita por Platón, tiene que haber sido dictada por él, o escrita por alguien del círculo cercano a él lo que implicaría la autorización de Platón. El problema estilístico que plantea la Carta ha sido es descartado por numerosos especialistas.
No acordamos
con Cherniss en sus observaciones respecto del Fedro [8], en cambio lo estaríamos
si se hiciera esta misma observación respecto de la Carta. Cherniss se
contradice pues argumenta fervientemente a favor de atenernos exclusivamente
a los diálogos, más sin embargo rechaza el fragmento del Fedro
respecto de las tergiversaciones de la escritura y lo considera meramente como
un enojo de Platón. Platón, no sólo expresa con brillantez
lo que piensa, sino que para ratificarlo relata un mito, ejemplificando su postura,
cosa que siempre hace con sus ideas principales.
En cambio el comentario de Cherniss sería pertinente en la Carta VII,
dado que el carácter coloquial e informal de la misma no es igual al
de los diálogos y que si la tomamos al pie de la letra, sin atenuar las
observaciones de Platón, sin atribuirle cierto enojo y además
aceptamos su autenticidad, nos vemos ante el problema de tener que descartar
la única cosa que en realidad tenemos de Platón o sea sus diálogos
y entonces no tendríamos filosofía alguna. No consideramos que
esto sea sensato, ni posible. Platón registró gran parte de sus
ideas en ellos y podemos entrever, sin ninguna duda, más de lo que muestran.
Los diálogos son vitales para el conocimiento de Platón y de la
reconstrucción de la doctrina no escrita.
Respecto
de la conferencia Sobre el Bien, estamos en el terreno de las conjeturas. Pero
tenemos que admitir que, como dice Cornford, cuando entramos en el estudio de
la Filosofía Antigua sabemos que no tenemos todos los testimonios como
para conducirnos con una certeza apodíctica. Algunos comentadores sostienen
que era un ciclo de conferencias, otros que fue una sola, otros difieren en
la datación, otros en los motivos para su dictado, otros señalan
la contradicción platónica al hacer pública su doctrina.
También mencionamos el problema referido al extenso período de
tiempo transcurrido entre nosotros y los antiguos, y entre los filósofos
antiguos mismos; así como el de las grafías, mencionado por Havelock,
y muchos otros no contemplados aquí. Considero que nos esta permitido
realizar algunas conjeturas y reconstruir lo antiguo, siempre que se recuerde
esto, y no se asuma como una verdad universal y necesaria. Es por todo esto
que la solución de Gaiser .[9] es razonable,
pues concilia las incongruencias y contradicciones, y toma los testimonios antiguos
al respecto. Es probable que Platón haya elegido exponer sus ideas en
una conferencia pública, pese a lo sostenido innumerables veces, pues
en esta ocasión era preferible hablar a callar, a fin de evitar inconvenientes
mayores como persecuciones o el cierre de la Academia, y que para mantener el
secreto haya decidido presentar la doctrina de manera hermética e incomprensible
para la gran mayoría del público asistente.
Respecto
de la crítica a Aristóteles, es difícil objetar la postura
de Cherniss sobre de la crítica a los presocráticos, y tampoco
podemos ignorar que Aristóteles no siempre menciona a Platón,
lo que puede ser una alusión a Espeusipo y sus continuadores en la Academia.
No obstante a Aristóteles lo separan casi cien años del último
de los presocráticos, y con Platón convivió y estudió
veinte años ininterrumpidos. Consideramos que pensar que tergiversó
adrede la doctrina de su maestro es suponer demasiada maledicencia, cosa que
quizás sea posible, o una incomprensión absoluta de parte de una
mente brillante, cosa imposible. Pero también debemos recordar que el
público al que se dirige Aristóteles es en algunos casos, el mismo
que al que se dirigió Platón y en otros, conocedores directos
de la doctrina platónica, lo que limitaría las posibilidades para
la primer suposición. Quizás también podría aceptarse
por ello que Aristóteles obvie algunas explicaciones, como en las citas
en que Cherniss considera “asombroso” que no manifieste de qué trata
la doctrina no escrita teniendo esa posibilidad. Si se piensa que lo de Aristóteles
son apuntes de clase o sea “doctrina esotérica” dirigida a alumnos que
conocen de lo que se habla, no resulta tan “asombroso”. En la cita de Física
191 b 35-192 a 5, Aristóteles alude a la naturaleza de la materia, no
a la del receptáculo ni a la del espacio, relacionándola con el
mundo sensible; que si hacemos memoria, para Parménides equivale al no
ser, o sea al mundo cambiante, al de los bicéfalos. Además, justamente
en esta cita, no se menciona a Platón, sino que usa la palabra “algunos”.
Por otra parte coincidiría con la explicación de un monismo ontológico
atribuido a la doctrina esotérica, pues lo grande y lo pequeño
se relacionaría con la díada indefinida que es la causa del mundo
sensible.
En la cita
de Metafísica 987 a 29 – 988 a 17, Aristóteles no dice, como sostiene
Cherniss, que las ideas son intermediarias entre el mundo sensible y los entes
matemáticos.
Aristóteles también allí, menciona el problema del conocimiento
del mundo sensible, usando su propia terminología, pero sin embargo esta
es una legítima preocupación de Platón. La transformación
terminológica que hace Aristóteles, no implica desconocer la filosofía
platónica, sino que puede deberse por un lado, a que es probable que
entre los antiguos la rigurosidad para las citas no revistiera la importancia
que tiene para los investigadores actuales, recordemos las correcciones de los
copistas de Alejandría, o la mutilación que sufrían los
textos al pasar de rollos a códices; por otro a que el público
como ya lo hemos mencionado, conociera el tema tratado y por lo tanto estuviera
familiarizado tanto con la terminología aristotélica como con
la platónica.
Con todo, dentro de la reconstrucción de la doctrina no escrita, hay algo que observar, y es que los pensadores que la sostienen poseen una profunda y clara comprensión de Aristóteles y que por ello la presentación que realizan de la misma “huele” demasiado a la “cocina” de Aristóteles.
Considerar
la filosofía platónica bajo la perspectiva de un conocimiento
sistemático o asistemático, es un anacronismo. No fue la intención
de los antiguos enrolarse en una discusión surgida entre moderno y postmodernos.
No obstante, Platón, abarcó en su búsqueda de explicaciones,
todos los aspectos de la realidad. Se ocupó de problemas éticos,
gnoseológicos, políticos, educativos, metafísicos, científicos,
etc. Además, el pensamiento de los antiguos apreciaba la unidad como
sinónimo de orden – cosmos – y perfección. Si tuviéramos
que decidirnos por sistemático o asistemático la evidencia nos
conduciría a favor del primero. Lo que sostiene Tigerstedt respecto a
la ambigüedad platónica que no pretende ser ni escéptico
ni dogmático, creemos es realmente así, por ello reservó
su saber sobre los principios sólo para algunos pocos; por ello no puso
“todas las cartas sobre la mesa” y se guardó “un as en la manga”, si
se me permite la metáfora.
El pensamiento de Platón evoluciona, aunque no podamos fijar con certeza el orden cronológico de las obras. Lo que no significa que no estén en germen sus ideas desde el principio. La evolución no tiene por que partir de una tabula rasa. Los diálogos juveniles de Platón muestran algunas ideas que aparecerán con mayor fuerza ulteriormente. Si aceptamos que la madurez del filósofo se da a los 40 años y que en esa edad Platón escribe la República y funda la Academia es absolutamente razonable que el cuerpo de sus ideas haya llegado a un nivel de desarrollo lúcido, y también es razonable que haya seguido “puliéndose” en los años posteriores.
Otras reflexiones respecto del problema de la doctrina no escrita.
Después de todo lo hasta aquí expuesto la pregunta de nuestro trabajo podría reformularse, de la siguiente manera ¿es posible que Platón hubiera reservado un área de su saber para enseñarlo sólo a quienes considerara aptos y capaces de recibirlo, basándose principalmente en las condiciones morales e intelectuales del aprendiz?. La respuesta es sí. Pero para encontrarla, fue necesario analizar todo lo que conocemos sobre Platón, dada la característica principal de la doctrina que es la de ser no escrita. Fue por ello imprescindible un recorrido por su vida y fundamentalmente por su paideia, a fin de reconstruir lo desconocido, recrear la intenciones del autor, tejer los aspectos faltantes de la trama.
Las pistas “directas” que tenemos son: la misión educativa de Platón,
la exigencia en la selección de los discípulos, la importancia
del diálogo en la trasmisión de los conocimientos, la actitud
de Platón en contra de la escritura y a favor de la oralidad, el silenciamiento
en los diálogos, el plan de estudios de la Academia.
Las pistas “indirectas” son: los testimonios de sus discípulos, en especial
de Aristóteles y la conferencia Sobre el Bien.
Las objeciones
referidas a los testimonios indirectos fueron analizadas más arriba y
refutadas aquellas que consideramos poco consistentes.
Los diálogos y los testimonios indirectos señalan el camino a
la doctrina no escrita. No pueden ser desechados ni unos ni otros. Sería
una actitud errónea descartar los diálogos por “poco serios”,
más aún en nuestro caso que dado la lejanía temporal nos
es casi imposible acceder a los hechos tal cual fueron si no es por medio de
lo escrito que llegó hasta nosotros.
Los testimonios indirectos, la conferencia Sobre el Bien, son parte importante
de las pistas que nos conducen a las especulaciones respecto de la doctrina
esotérica, si bien no son las únicas, como hemos visto a lo largo
de la exposición.
El hecho de la supuesta existencia de una doctrina esotérica y exotérica,
también en el caso de Aristóteles, puede significar que fuera
común entre las doctrinas de la antigüedad la existencia de dos
saberes, uno reservado para los discípulos y otro para los legos, como
en muchas de las organizaciones religiosas o filosóficas o místicas
de la actualidad.
La Academia fue incendiada por Sila, los secretos, permanecieron en esa condición,
pues quienes los conocían no los trasmitían a miembros fuera del
círculo sino que aludían a ellos sólo entre pares. Los
diálogos adquirieron fama e importancia dada su difusión pública,
lo que fue dejando cada vez más oculto el saber fundamental.
Respecto de los indicios directos comenzaremos por lo que dimos en llamar la
misión educativa.
Como hemos visto, Platón pretendía un cambio que proviniera desde
el interior del hombre y que el mismo se manifestara en la ciudad en imitación
al orden y armonía que reina en el cosmos. Para ello el hombre debe guiarse
por su parte más semejante a la divinidad, o sea por la parte del alma
que permite el desarrollo de virtudes tales como la templanza, la justicia,
la mesura: la parte racional. Esta no debe ser entendida como lo hacemos actualmente
o como se hizo a partir de la modernidad; no es una parte disociada y que sólo
se refiere a los logros intelectuales. Ella se relaciona con la virtud, con
la conducta. Lo que nos conduce a ver con claridad el interés de Platón
por los problemas ético y políticos así como por los que
se refieren al conocimiento del cosmos o sea al desarrollo de la ciencia y de
la metafísica, aunque quizás deberíamos decir que ciencia
y metafísica se relacionan estrechamente en su pensamiento.
Platón pues advierte que debe educar a ese hombre que conseguirá
dominar sus instintos más bajos en función de su aspecto divino.
Para ello organiza una institución educativa: la Academia. Pero también
comprende que no todos son aptos, no todos consiguen guiarse por la razón,
algunos incluso justifican la injusticia como manera de obtener el “Bien”. ¿Es
posible iniciar a esos hombres en la contemplación de las verdades últimas?
Platón sabe que no lo conseguirá, incluso sabe que algunos de
los educados por él caen en el error, victimas del poder que atrae y
ciega los espíritus.¿Puede el conocimiento ser mal usado por ellos?
Sin duda alguna. Por eso la educación debe ser selectiva sino “¿qué
otra tarea más hermosa habría podido llevar a cabo en [su] vida
que sacar a luz en beneficio de todos la naturaleza de las cosas?”.
Pero, si bien, Platón creía que la naturaleza bondadosa del hombre
dependía del conocimiento que este alcanzara, quizás siguiendo
el optimismo socrático, no ignoraba la realidad política del mundo
en que vivía, ni la crueldad de la que los hombres somos capaces. Sería
un “necio” sino tuviera en cuenta esto, y por lo tanto sería un necio
si enseñara todo a todos, como el mismo concluye en la Carta VII.
Son muchos los pensadores y guías espirituales que, ante aquel que es
incapaz de comprender, hacen silencio, reservando y resguardando su saber. En
los diálogos, Sócrates, parece silenciarse ante determinados interlocutores;
en otros casos oculta su saber detrás de la ironía. Jesús
calla frente a Pilatos.
El silencio y el secreto es una característica de los sacerdotes egipcios,
de los pitagóricos, de las religiones órficas, de la misma religión
griega.¿Cómo no verse influido por esta manera de pensar, sostenida,
además, por los más sabios?. Vimos como Platón se relaciona
con los filósofos pitagóricos, y cómo hace referencia a
la sabiduría y antigüedad de los conocimientos egipcios, y que es
justamente en boca de estos que pose el mito de Naúcratis y de la Atlántida
o sociedad ideal.
Es indudable
la importancia de la cultura oral y principalmente su influencia en todos los
pensadores griegos anteriores a Platón. La Ilíada, la Odisea se
conservaron por repetición. La Teogonía, el catecismo de la religión
griega, también se conservó gracias al recuerdo. Los presocráticos
no escribieron todos sus pensamiento, pero tenemos referencias de ellos a través
de otros que conservaron su saber. Las tragedias de los dramaturgos más
famosos se basan en relatos antiguos relacionados con la religión y la
historia, y son modificados según la óptica del autor, pero pertenecen
al saber popular, a la memoria del pueblo, y es justamente por eso que son disfrutados.
La enseñanza oral de Sócrates, las alusiones a relatos escuchados
a otros y aprendidos de memoria en los diálogos platónicos, son
sin duda hechos que aportan argumentos de importancia tanto a favor de la vigencia
de cultura oral en general, aún en época de Platón, como
a la prioridad que nuestro filósofo da a lo hablado por sobre lo escrito.
Es fundamentalmente, la característica de la paideia platónica
y los diálogos, lo que nos lleva a las conclusiones más contundentes.
La relación personal y el diálogo permitían a Platón
evaluar a su interlocutor. Platón pretendía el contacto cara a
cara, tanto para saber las condiciones morales e intelectuales de su discípulo
como para influir en él, llevándolo a las más altas esferas
del conocimiento, ayudándole a revelar los más profundos misterios
del cosmos. Estos no pueden ser sino secretos.
¿Qué
se enseñaba en la Academia? Según Ross, Robin, Reale, Gaiser,
Krämer, Szlezák, Annas, Richads, los testimonios indirectos y Platón,
durante años los alumnos de preparaban realizando estudios matemáticos
dialécticos, para acceder al conocimiento de Teoría de los Principios
o ágrapha dógmata, o sea doctrina no escrita como es denominada
por Aristóteles. A este saber se arriba por intuición intelectual,
por una especie de insight, diferente de la intuición mística
religiosa, ya que implica una ejercitación prolongada en las disciplinas
mencionadas. Esta Teoría no es de carácter dogmático sino
que necesita de desarrollos ulteriores. Es un sistema, entendiendo por esto
una composición completa, una síntesis universal, un conocimiento
especulativo sinóptico de todos los ámbitos de la realidad, como
dice Gaiser [10]. El método para acceder
a este saber requiere de los números y de las ciencias que se ocupan
de ellos. Xenócrates, Espeusipo y Aristóteles hablan de la Teoría
de los Números. La mayoría de los alumnos más famosos de
la Academia son matemáticos o astrónomos.
La existencia de una doctrina no escrita se hace evidente, sabemos que versa
sobre lo Uno, y la Díada indefinida, que el Bien, la Belleza, el Ser,
la Verdad, o son lo Uno o son atributos esenciales de lo Uno. No podemos tener
certeza del contenido, pero sí hay suficientes elementos para afirmar
que dentro de la Academia se difundían conocimientos sólo para
los filósofos.
¿Por
qué toda la obra platónica está escrita en diálogo?
¿Por qué el uso de mitos? ¿Por qué la mayoría
de los diálogos parecen inconclusos? Algunos como el Protágoras
pareciera darle la razón al sofista y no a Sócrates, otros simplemente
terminan abruptamente, como una conversación entre amigos y sin cerrar
el tema propuesto. ¿Qué busca Platón con esta actitud?.
Por un lado pretende sembrar la duda y la intriga en el lector, despertar su
instinto investigador, ¿pero no podría estar evitando revelar
todo su conocimiento y mediante esta estrategia estimular el espíritu
de unos pocos aptos para la filosofía? .¿Por qué tanto
énfasis en las características del filósofo?.
Todas estas preguntas se solucionan cuando aceptamos la existencia de una doctrina
esotérica, no escrita, reservada sólo para personas que pueden
dejarse guiar por la razón y que en muchos casos son capaces de guiar
a otros por ese camino. Estos son la esperanza de Platón para modificar
una sociedad que percibe en decadencia y alejaba del Bien, de la Verdad, de
la Belleza, pues, educada en la mera opinión y en su ignorancia, busca
el bien, la felicidad, y la belleza, en el poder, la riqueza y los honores vanos.
Sólo alguien ejercitado durante muchos años en la Dialéctica
y entrenado en las Ciencias que permiten acceder a lo inteligible, está
capacitado para contemplar la Verdad encerrada en lo Uno y la Díada Indefinida.
[1] Platón,
Diálogos, Madrid, Gredos, 1992, tomo VII, 341 c.
[2] Homero: Ilíada
VII 360, XII 234.
[3] Platón, op.cit,
344c – d.
[4] Ver Cronológica
de los antiguos.
[5] E. A. Havelock,
Aux origines de la civilisation écrite en Occident, París, Maspero,
1981, pag 70-71
[6] F. M. Cornford,
The unwritten philosophy and other essays, Cambridge, Cambridge University Press,
1967, pag 28-29.
[7] M. D. Richard, L´enseignement
oral de Platon, Paris, Cerf, 1986.
[8] Cherniss mininiza
las apreciaciones de Platon respecto de la escritura en dicho dialogo.
[9] Gaiser propone dos
soluciones. En primer lugar la conferencia se realizó sobre el final
de la vida de Platón y puede deberse a la circulación de una doctrina
falsa escrita quizás por Dioniso II, otra posibilidad para que Platón
se haya visto compelido a dar una conferencia pública, pudo ser el miedo
a las persecuciones a las que eran sometidos los filósofos, como por
ejemplo Sócrates, Anaxágoras, las escuelas pitagóricas,
máxime la fama de elitista y poco demócrata de Platón y
implicando cierre de la Academia.
[10] K. Gaiser, “La
teoria dei principi in Platone”, en Rivista Elenchos N°1, anno 1, Napoli,
Bibliopolis, 1980
Bibliografía.
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