Por Francisco José Olivieri

 

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"Ser" se dice de múltiples maneras, tal como establecimos antes en nuestro

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tratamiento de los diversos significados. En efecto, por un lado, significa el "qué es" y el "esto", y por el otro, la cualidad, la cantidad o cualquiera de los restantes predicados de este tipo

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Pero aunque "ser" se dice así de tantas maneras, resulta evidente que, de éstas, el significado primero corresponde a "qué es", que precisamente indica la realidad (en efecto, cuando preguntamos por la cualidad de algo, respondemos "bueno" o "malo", pero no "de tres codos" u "hombre"; en cambio, cuando preguntamos por el "qué es", no respondemos "blanco", ni "caliente", ni "de tres codos", sino "hombre" o "dios"); las demás cosas se dice que son, porque algunas son cantidades de lo que es, tomado en el significado primero, otras, cualidades, otras, afecciones, otras, en fin, algo semejante.

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Podría también alguien cuestionarse si "caminar", "estar sano" y "estar sentado" es, cada uno de ellos, algo que es o que no es, y lo mismo podría ocurrir a propósito de cualquier otro caso semejante: ninguno de ellos, por cierto, es por sí, ni puede darse separado de la realidad, sino más bien, en todo caso, "lo que camina", "lo que está sentado" y "lo que está sano" están entre lo que es.

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Estos, con mayor razón, se muestran como algo que es, porque tienen algo determinado: el sujeto (o sea la realidad y lo individual), que está justamente involucrada en la predicación señalada; "bueno" o "sentado", en efecto, no pueden decirse sin él. Es evidente, pues, que cada uno de éstos es sólo posible en virtud de aquélla, de modo que "ser" en primer lugar –no un ser determinado, sino "ser" de manera absoluta- será la

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realidad.

Ahora bien, de múltiples maneras se dice "primero". Sin embargo, la realidad es "primero" en todos los significados: a) en cuanto al concepto; b) al conocimiento y c) al tiempo.

 

 

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En efecto, c) ninguno de los demás predicados puede darse separado, sino sólo la realidad. También a) desde el punto de vista del concepto, ella es "primero" (porque en el concepto de cada cosa está contenido el de la realidad). Por último, b) creemos saber cada cosa del mejor modo cuando conocemos, por ejemplo, "qué es el hombre" o el fuego, más que cuando conocemos su cualidad, su cantidad o su ubicación, puesto que

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precisamente sabemos cada una de estas últimas determinaciones cuando conocemos qué es la cantidad o la cualidad

 

 

Así, lo que antiguamente, ahora y siempre se busca y se cuestiona, "qué es ser",

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equivale a "qué es la realidad" (ya que unos afirman que es "una", otros "más que una", y, entre éstos, algunos que su número es limitado; otros, en cambio, que es ilimitado). En consecuencia, también nosotros debemos estudiar sobre todo y en primer lugar, y, por así decir exclusivamente, en qué consiste "ser" así entendido.

 

 

 

 

 

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Capítulo 2

Parece que se admite que la realidad corresponde manifiestamente a los cuerpos (y es por eso que decimos que son realidades los animales, las plantas y sus partes, y

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también los cuerpos físicos tales como fuego, agua, tierra y los restantes, así como cuanto es parte de ellos o está constituído por alguno de ellos o por todos, como el universo físico y sus partes, los astros, la luna y el sol). Pero si son éstas las únicas reali-

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dades o hay también otras, o si son realidades algunas de éstas o lo son también algunas de las otras, o si ninguna de ellas es realidad, sino algunas de otras diferentes, esto es lo que debemos examinar.

Piensan algunos, en efecto, que los límites de los cuerpos –como superficie, línea, punto, unidad- son realidades y precisamente en mayor grado que el cuerpo y lo sólido. También algunos creen que además de las cosas sensibles no hay ninguna realidad, mientras que otros piensan que hay un mayor número de ellas y que son en mayor

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grado realidades las realidades eternas: así Platón sostiene que las formas y los entes matemáticos son dos <tipos de> realidades y que, en tercer término, está la realidad de los cuerpos sensibles. También Espeusipo –que parte de lo Uno- afirma que hay un mayor número de realidades y admite principios para cada uno de ellas: uno para los

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números, otro para las magnitudes, otro, en fin, para el alma (y precisamente de esta manera amplía el número de realidades). Algunos otros, por su parte, dicen que las formas y los números poseen la misma naturaleza y que de ellos depende <todas> las restantes cosas –líneas y superficies- hasta llegar a la realidad del universo físico y las cosas sensibles.

En lo que toca a estas afirmaciones, debemos pues examinar qué es lo correcto y qué no lo es y examinar cuáles son realidades y si hay algunas realidades además de las sensibles o no las hay y, si las hay, cómo son, y si existe alguna realidad separada y

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por qué y cómo existe, o bien, si no hay ninguna realidad además de las sensibles. Pero para ello debemos previamente tratar de un modo esquemático qué es la realidad.

 

 

 

 

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Capítulo 3

"Realidad" se dice, si no de más, principalmente de cuatro maneras. En efecto, tanto

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lo-que-es, como el universal y el género comúnmente se admite que son realidades de cada cosa, y, en cuarto lugar, el sujeto.

"Sujeto" es aquello de lo que todo lo demás se dice, pero que él mismo jamás se dice de otra cosa. Tendremos pues, que comenzar ocupándonos de él, ya que suele considerarse que "realidad" es ante todo y en primer término el sujeto. Ahora bien, "sujeto"

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por un lado se dice la materia, por el otro, la forma, y en tercer lugar, el compuesto de ambas –y digo "materia", p.e., al bronce; "forma" (morphé) a la figura <sensible> de la

 

idea, y "compuesto de ambas" a la estatua-, de modo tal que, si la forma (eidos) es anterior a la materia y es en mayor grado, por la misma razón será también anterior al compuesto de ambas.

Por el momento, entonces, hemos dicho esquemáticamente qué puede ser la realidad: lo que no se dice de un sujeto, sino aquello de todo lo que lo demás se dice. Pero

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no debemos quedarnos únicamente con esto: no es suficiente. No sólo no es ello claro, sino que resultaría, además, que la materia es realidad.

En efecto, si ella [la materia] no fuera realidad, se nos escapa cuál otra [realidad] podría haber. Dejando, por tanto, de lado <todas> las otras <que podrían ser realidad>, no queda nada que subsista, ya que, por una parte, lo restantes son afecciones, acciones y potencias de los cuerpos y, por la otra, el largo, el ancho y el espesor son cantidades, pero no realidades (puesto que la cantidad no es realidad); en cambio, realidad, es más

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bien aquello primero a lo que pertenecen éstos. Ahora bien, si se eliminan el largo, el ancho y el espesor, vemos que no queda nada, a menos que sea algo lo limitado por ellos, de suerte que para quienes consideran así las cosas, la materia necesariamente se presenta como única realidad.

 

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Pero <yo> hablo de una materia que se dice que, por sí misma, no es ni algo <particular>, ni cantidad, ni ninguna de las otras <determinaciones> que precisan al ser. Hay, en efecto [para ellos], algo de lo cual cada una de ellas se predica: algo cuyo ser es también diferente del de cada uno de los predicados (pues mientras por un lado, el resto se predica de la realidad, ésta a su vez, se predicaría de la materia), de modo, pues,

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que lo que es último no es por sí mismo ni algo <particular>, ni cantidad, ni ningún otro predicado. Ni tampoco lo que son las negaciones de éstos, puesto que también ellos son accidentales.

En consecuencia, para quienes examinan las cosas de esta manera, la materia tendría que ser realidad. Pero eso es imposible: tanto "separado" como "esto" se admiten que corresponden principalmente a la realidad, y, si así es, debería concederse que la forma y el compuesto de materia y forma son sustancias en mayor grado que la mate-

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ria. Dejemos, pues, de lado, la realidad compuesta –digo, la sustancia compuesta de materia y forma-, pues ella es posterior y evidente. La materia, por su parte, también es en cierto modo es manifiesta. Al tercer tipo de realidad, en cambio, sí debemos examinarlo, dado que ella es la que ofrece mayores dificultades. Mas como todos admiten

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que algunas cosas sensibles son realidades deberemos indagar primero en ellas.

 

 

 

 

 

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Capítulo 4

 

Puesto que al comienzo establecimos de cuántas maneras puede caracterizarse la entidad y una de ellas, según se admite, es lo-que-es, debemos ahora referirnos a ésta.

 

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Resulta conveniente, en efecto, encaminarse hacia lo más cognoscible. Sin duda todos quieren el saber pasando de lo menos cognoscible por naturaleza a lo más cognoscible. Y, así como en el caso de las acciones, de los bienes individuales hay que hacer que los bienes generales sean bienes individuales, del mismo modo, debemos también en este caso, a partir de las cosas más cognoscibles para el individuo y hacer que las que son cognoscibles por naturaleza sean cognoscible para él. Pero las cosas cognoscibles para el individuo, es decir, las primeras que él conoce, a menudo son

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conocidas sin esfuerzo y poco o nada tienen que ver con lo que es. Sin embargo, debemos intentar, partiendo de las cosas poco cognoscibles, pero que no obstante son cognoscibles para el individuo, conocer las que son cognoscibles en forma absoluta, pero pasando antes como se ha dicho, a través de las primeras.

Ante todo, podemos hacer sobre éste algunas consideraciones desde un punto de vista puramente conceptual [logikôs]: lo-que-es de cada cosa es lo que se dice que es ella por sí misma. Tu ser no es, en efecto, el ser culto, porque no es por ti mismo que tú

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eres culto. Tu ser, en consecuencia, es sólo lo que tú eres por ti mismo. Pero, no todo lo que una cosa es por si misma constituye lo-que-es: no consiste, por cierto, como una superficie es por sí blanca, porque el ser de la superficie no es el ser blanca. Además, tampoco el ser de la superficie es lo que resulta de la unión de ambos, es decir, el ser superficie blanca, porque en este caso, "superficie" es algo presupuesto [en la definición

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de superficie blanca]. Resulta así que la definición de lo-que-es de cada cosa es aquella definición que lo dice pero que no estaría en él, de manera que si se dijera que el ser de la superficie blanca es el ser de la superficie lisa, resultaría que ser blanco y ser liso sería lo mismo.

Ahora bien, puesto que hay también compuestos [de la realidad] con las otras categorías (en efecto, cada una de ellas, como cantidad, cualidad, tiempo, lugar, modificación, requieren su sujeto), debemos examinar si hay un enunciado de lo-que-es de cada uno de ellos y si, además, cada uno de ellos posee un lo-que-es, p.e., "hombre blanco". Supongamos que el nombre "túnica" designe a "hombre blanco". ¿Qué es ser túnica? Sin duda, no es ella ninguna de las cosas que son por sí mismas. Debe tenerse en cuenta,

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empero, que "no es por sí mismo" puede entender de dos maneras: una de ellas resulta de un agregado; la otra, en cambio, de una omisión. En el primer caso, en efecto, lo que se quiere definir se dice agregándoselo a otra cosa: p.e., si para definir "blanco" se da la definición de "hombre blanco". En el segundo caso, en cambio, se omite algo que pertenece a lo que se quiere definir: p.e., si se admite que "túnica" significa "hombre blanco

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" y se pretende definir "túnica" definiendo sólo "blanco". No cabe duda que el hombre blanco es blanco, pero él, sin embargo, no es lo-que-es blanco. Pero, acaso, "túnica" ¿es al fin de cuentas un lo-que-es determinado? ¿O tal vez no lo es? Por cierto, sólo lo que es un "esto" determinado puede ser lo-que-es: por el contrario, cuando una cosa se dice de otra no nos hallamos frente a un "esto": el hombre blanco no es en realidad un

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"esto", puesto que hemos aceptado que el "esto" pertenece sólo a las realidades. De todo ello se desprende que lo-que-es corresponde únicamente a aquellas cuyo enunciado es una definición.

No puede hablarse en el caso de que un hombre signifique lo mismo que un enunciado (pues, si así fuera, todos los conceptos serían definiciones –en efecto, podría haber

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un nombre para cualquier enunciado, y en tal caso aún "Ilíada" sería una definición-), sino que sólo hay definición cuando ella corresponde a algo primero, y primero es sólo lo que se afirma sin recurrir a decir una cosa de otra. En consecuencia, lo-que-es no podrá corresponder a ninguna de las especies que no pertenezcan a un género (pues ellas, según se admite, no se dicen de otra cosa por participación, ni afección, ni como accidente).

En lo que se refiere a cada una de las otras cosas, siempre que haya un nombre,

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habrá también un enunciado que exprese que significa cada una de ellas, que indique que una determinada cosa pertenece a otra, o, en lugar de un enunciado simple, habrá uno más preciso. Pero de estas cosas, sin embargo, no podrá haber ni definición ni lo-que-es.

¿Tendremos acaso, [ahora], que afirmar que la definición así como el qué-es se dicen de múltiples maneras? El "qué-es", en efecto, significa, por un lado, la realidad y el esto;

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por otro, cada una de las categorías -cantidad, cualidad y las demás de ese tipo-. Y así como el "es", en efecto, pertenece a todas, aunque no de un modo semejante, sino que a una de ellas de modo primario y a todas las demás de modo subsidiario, así también el "qué-es" pertenece de modo absoluto a la realidad y de algún modo a las demás. Pues podríamos también preguntar qué es la cualidad, de donde resulta que la cualidad

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también se cuenta entre los "qué es", pero no de un modo absoluto: así como en el caso del no-ser algunos dicen dialécticamente que es no-ser, <evidentemente> no de un modo absoluto, sino <precisamente> en cuanto es no ser, así ocurre en el caso de la cualidad.

Si bien es preciso, por cierto, examinar cómo debe hablarse sobre cada cosa, resulta más importante aun, sin embargo, examinar cómo efectivamente ella es. Por eso, puesto que lo que hemos dicho [sobre la primera cuestión] está claro, señalemos ahora que, de modo similar, [en el segundo caso] lo-que-es tendrá que pertenecer de un modo

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primario y absoluto a la realidad, y, secundariamente, también a las otras categorías. No al igual que el "qué es" pues, lo-que-es en sentido absoluto, sino lo-que-es de la cualidad o de la cantidad.

Debe decirse, en efecto, que las categorías son seres sólo por homonimia o bien [que son seres] si se añade o se quita [algo a "ser"], como, por e., cuando se dice que aun lo no cognoscible es cognoscible. Lo correcto, sin duda, consiste en afirmar [que ellas son seres] no por homonimia ni tampoco de un único modo, sino en el mismo modo que "médico" se dice por referencia a una única y misma cosa, pero no es una y la misma cosa, ni tampoco puramente homónima: en efecto, a un cuerpo, a una actividad, a un instrumento, no los llamamos "médico" ni por homonimia ni porque todos ellos posean un único [e idéntico carácter], sino por referencia a una única cosa.

En todo caso, en fin, carece de importancia que alguien prefiera expresarse de uno u otro de estos modos. Lo que, por el contrario, sí es evidente es que de modo primario y absoluto tanto la definición como lo-que-es corresponden a las realidades. A las demás categorías, sin duda también les corresponde, aunque ya no de modo primario. Por lo demás, aunque sostengamos eso, no por eso resulta necesaria que haya definición cuando hay un nombre que significa lo mismo que un enunciado, sino sólo cuando ese nombre significa lo mismo que un determinado enunciado. Pero esto se da sólo cuando el enunciado se refiere a una cosa única, no por mera continuidad, como "Ilíada", o como

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cosa sea por vinculación, sino una en todos los modos en que se dice "uno". Pero "uno" se dice de tantas maneras en que se dice "ser"; y "ser" significa, por un lado, el "esto", por otro, la cantidad, por otro la cualidad. En consecuencia, también de "hombre blanco" tendrá que haber enunciado y definición, aunque de un modo diferente que de blanco y de realidad.

 

 

 

 

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Capítulo 5

Hay, sin embargo, una dificultad para quien no admita que el enunciado que resulta de un agregado es una definición: ¿de cuáles cosas que no son simples sino compuestas

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[i.e.: que implican el agregado de dos términos] podrá haber definición? Se debe mostrar, en efecto, que [tales definiciones] resultan por agregado. Digamos, por ejemplo, que hay "nariz" y hay "concavidad", y, además "chatura", que es lo que se dice como resultado de la unión de ambas, por el hecho de que una está en la otra [i.e.: la concavidad en la nariz]; por cierto, ni la concavidad ni la chatura son una afección [i.e.: determinación o propiedad] accidental de la nariz, sino que le pertenecen por sí mismas

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No es como "blanco" respecto de Calias o de hombre –porque Calias, que se da el caso es un hombre, es blanco, sino como "macho" respecto de animal o "igual" respecto de la cantidad o de todo cuanto se dice que pertenece por sí mismo. Tales son todas aquellas cosas en las que está presente o el enunciado o el nombre de la cosa que posee esa afección y en las que no es posible exhibir [la afección] separada –como sí

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ocurre con "blanco", que puede darse sin "hombre", pero no con "hembra", que no puede darse sin "animal"-. Resulta, pues, que lo-que-es y la definición de estas cosas o no son de nada o, si son de algo, será de una diferente manera, tal como dijimos <antes>.

Hay, además, otra dificultad concerniente a estas cosas: si es lo mismo "nariz chata" y

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"nariz cóncava", tendrá entonces que ser lo mismo "chato" y "cóncavo" [lo que es absurdo]. De lo contrario, dado que "chato" no puede decirse sin la cosa de la cual es su afección por sí misma (pues, en efecto, "chato" es concavidad de la nariz), resultaría que es imposible decir "nariz chata", o bien, si se lo dice, se estará diciendo dos veces lo mismo, o sea: "nariz nariz cóncava" (pues "nariz chata" querrá decir "nariz nariz cóncava" [i.e.: nariz que nariz cóncava]). Por lo tanto resulta absurdo afirmar a tales cosas

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que pueda corresponder un lo-que-es: si se lo afirmase se iría al infinito, pues en la nariz chata siempre habrá alguna otra nariz.

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Es evidente, en consecuencia, que definición hay sólo de la realidad. Y si también hay definición de las demás categorías, será necesariamente por agregado, como por ejemplo, en el caso de "impar"; él no puede darse sin el número, así como tampoco puede darse "hembra" sin animal (y al decir "Por agregado" me estoy refiriendo a aquello en los que, como en éstos, sucede que se dice dos veces lo mismo). Pero, si todo

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"esto", puesto que hemos aceptado que el "esto" pertenece sólo a las realidades. De todo ello se desprende que lo-que-es corresponde únicamente a aquellas cuyo enunciado es una definición.

No puede hablarse en el caso de que un hombre signifique lo mismo que un enunciado (pues, si así fuera, todos los conceptos serían definiciones –en efecto, podría haber

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un nombre para cualquier enunciado, y en tal caso aún "Ilíada" sería una definición-), sino que sólo hay definición cuando ella corresponde a algo primero, y primero es sólo lo que se afirma sin recurrir a decir una cosa de otra. En consecuencia, lo-que-es no podrá corresponder a ninguna de las especies que no pertenezcan a un género (pues ellas, según se admite, no se dicen de otra cosa por participación, ni afección, ni como accidente).

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En lo que se refiere a cada una de las otras cosas, siempre que haya un nombre, habrá también un enunciado que exprese que significa cada una de ellas, que indique que una determinada cosa pertenece a otra, o, en lugar de un enunciado simple, habrá uno más preciso. Pero de estas cosas, sin embargo, no podrá haber ni definición ni lo-que-es.

¿Tendremos acaso, [ahora], que afirmar que la definición así como el qué-es se dicen de múltiples maneras? El "qué-es", en efecto, significa, por un lado, la realidad y el esto;

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por otro, cada una de las categorías -cantidad, cualidad y las demás de ese tipo-. Y así como el "es", en efecto, pertenece a todas, aunque no de un modo semejante, sino que a una de ellas de modo primario y a todas las demás de modo subsidiario, así también el "qué-es" pertenece de modo absoluto a la realidad y de algún modo a las demás. Pues podríamos también preguntar qué es la cualidad, de donde resulta que la cualidad

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, también se cuenta entre los "qué es", pero no de un modo absoluto: así como en el caso del no-ser algunos dicen dialécticamente que es no-ser, <evidentemente> no de un modo absoluto, sino <precisamente> en cuanto es no ser, así ocurre en el caso de la cualidad.

Si bien es preciso, por cierto, examinar cómo debe hablarse sobre cada cosa, resulta más importante aun, sin embargo, examinar cómo efectivamente ella es. Por eso, puesto que lo que hemos dicho [sobre la primera cuestión] está claro, señalemos ahora que, de modo similar, [en el segundo caso] lo-que-es tendrá que pertenecer de un modo

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"nariz cóncava", tendrá entonces que ser lo mismo "chato" y "cóncavo" [lo que es absurdo]. De lo contrario, dado que "chato" no puede decirse sin la cosa de la cual es su afección por sí misma (pues, en efecto, "chato" es concavidad de la nariz), resultaría que es imposible decir "nariz chata", o bien, si se lo dice, se estará diciendo dos veces lo mismo, o sea: "nariz nariz cóncava" (pues "nariz chata" querrá decir "nariz nariz cóncava" [i.e.: nariz que nariz cóncava]). Por lo tanto resulta absurdo afirmar a tales cosas

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que pueda corresponder un lo-que-es: si se lo afirmase se iría al infinito, pues en la nariz chata siempre habrá alguna otra nariz.

 

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Es evidente, en consecuencia, que definición hay sólo de la realidad. Y si también hay definición de las demás categorías, será necesariamente por agregado, como por ejemplo, en el caso de "impar"; él no puede darse sin el número, así como tampoco puede darse "hembra" sin animal (y al decir "Por agregado" me estoy refiriendo a aquello en los que, como en éstos, sucede que se dice dos veces lo mismo). Pero, si todo

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esto es verdad, no podrá haber [definiciones] de cosas compuestas, como, por ejemplo, de "número impar". Pero esto se nos escapa, porque los enunciados no se expresan con precisión. Y si, hay definiciones también de estas cosas, o bien son ellas de una manera diferente o bien, tal como se dijo, debemos afirmar que la definición y lo-que-es

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son de múltiples maneras. De ello resulta que, en un caso, no habrá definición ni le corresponderá lo-que-es a ninguna otra cosa más que a las realidades, pero en otro caso si los habrá.

En fin, es evidente que la definición es el enunciado de lo-que-es, y, además, lo-que-es corresponde únicamente a las realidades, o bien corresponde a ellas en sentido principal, primario y absoluto.

 

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Capítulo 6

Debemos ahora examinar si cada cosa particular y su lo-que-es son lo mismo o no. Ello será ciertamente de utilidad para nuestro examen de la realidad: en efecto, cada cosa en particular no parece ser sino la propia realidad, y lo que es, precisamente, la realidad de cada cosa particular.

 

Con respecto a las cosas que se dicen que son por accidente, parecería que ellos [la cosa particular y lo-que-es] difieren: p.e., parecería que "hombre blanco" difiere del "ser

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blanco" tendrían que ser lo mismo; en efecto, si como algunos dicen "hombre" y "hombre blanco" son lo mismo, también sería en consecuencia lo mismo "ser hombre" y "ser hombre blanco". Pero no se deriva necesariamente que las cosas que son por accidente se identifiquen [con sus lo-que-es], porque en las premisas los predicados no se

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identifican con los sujetos de la misma manera. Sin embargo podrían parecer que se siguiese la identidad de los predicados accidentales [que se refieren como tales al sujeto] en las premisas, como p.e., que el "ser blanco" sea lo mismo que el "ser culto", pero no es así).

Con respecto de las cosas que se dicen por sí mismas, ¿es pues necesario que <la

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cosas> sea idéntica <con lo-que-es>? <1> P.e., hay ciertas realidades respecto de las cuales no hay otras realidades o naturalezas que sean anteriores a ellas, tal como algunos sostienen que son las Ideas? En efecto, si el bien-en-sí [la Idea del Bien] fuese diferente del ser-bien [la esencia del bien] y el animal [la Idea del Animal] ser ser-animal

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[la esencia del animal] y el ser [la Idea de Ser] del ser-ser [la esencia del ser] tendría entonces que haber otras realidades y otras naturalezas, es decir otras Ideas además de las mencionadas, y ellas serían anteriores y más realidades, si <es cierto que> lo-que-es es realidad.

<2> Si, después, las realidades y sus lo-que-es están separados unos de otros, <a> de las primeras [las Ideas] no podría existir saber, y <b> los otros [lo que es] no serían seres (entiendo por "estar separado", p.e. que ni a ser bueno le es inherente el bien-en-sí,

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ni a éste <es, es inherente> que sea bueno). <a> En efecto, <por una parte>, existe el saber de una cosa particular sólo cuando conocemos su lo-que-es y <b> <por otra parte> lo que se da para el bien se da, igualmente, para las demás cosas, de modo que si el ser-bien no es bien, el ser-ser tampoco es ser y el ser-uno tampoco es uno. Ahora bien, o todos lo-que-es existen de una manera similar o ninguno de ellos existe, tampoco

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será ninguno de los otros lo-que-es.

<3> Además, aquello a lo que no le pertenece el ser-bien no puede ser bueno. Es necesario, en consecuencia, que sea una única cosa el bien y el ser-bien, así como lo bello y el ser bello y, en general, todas aquellas cosas que no se dicen de otra, sino que son por sí mismas y primeras. Y esto sería suficiente aun en el caso en que no hubiera

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Ideas, y, tal vez, más suficiente si las hubiera (pero al mismo tiempo es evidente que si precisamente las Ideas son como algunos afirman, el sujeto [o sea las cosas sensibles de las que se predican las Ideas] no podrá ser realidad; sin embargo, las Ideas son necesariamente realidades, y no se dice de un sujeto, porque si así fuera sería por participación).

<4> De estas consideraciones resulta que son una y la misma cosa, y no por accidente, cada cosa particular y lo que es, y ello resulta también del hecho de que conocer

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cada cosa particular consiste precisamente en conocer lo-que-es, de manera que también aun en el caso de la separación [que hacen los platónicos con respecto de las cosas sensibles] es necesario que ambos sean una unidad.

(En cambio, en lo que toca a lo que se dice por accidente, p.e., "culto" o "blanco", en razón de su doble significación [tal como veremos], no es cierto decir que sean lo mismo la cosa particular y lo-que-es; en efecto, aquello a lo que le acontece ser blanco y el

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accidente "blanco" son blanco, así que de una manera son lo mismo, pero, de otra, no son lo mismo el lo-que-es y la cosa particular: <ser-blanco> no es lo mismo que ser hombre y que hombre-blanco, si bien son iguales que la propiedad).

<5> También resultaría absurdo separar el lo-que-es de la cosa en el caso de que se asignase un nombre a cada uno de los lo-que-es, porque entonces habría además de él

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otro lo-que-es, p.e., de lo-que es caballo habría otro lo-que-es. Y, ¿qué inconveniente habría para que algunas cosas sena sin más <lo mismo que su> lo-que-es, si precisamente el lo-que-es es realidad? Porque no sólo lo-que-es y la cosa son una unidad, sino que también su enunciado es el mismo, como resulta evidente en virtud de lo que

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hemos dicho hasta ahora: no por accidente, pues, que el ser-uno y lo uno son uno.

<6> Además, si fueran diferentes, se iría al infinito: por un lado existiría lo-que-es de lo uno y, por otro, lo uno, de modo que también tendría que repetirse el mismo enunciado.

Es evidente, pues, que en el caso de que las primeras y que se dicen por sí mismas,

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el ser de cada cosa particular y cada cosa particular son uno y lo mismo.

Es claro, <además> que las objeciones sofísticas contra esta tesis se resuelven con la misma solución, así como el problema de si Sócrates y el ser de Sócrates es lo mismo. Pues no hay diferencia entre las cosas a partir de las cuales se plantea el problema y aquéllas a partir de las cuales se intenta solucionarlas.

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En qué modo, entonces, lo-que-es es la cosa particular y en qué modo no lo es, ha quedado explicado.

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Capítulo 7

De las cosas sujetas a generación,

<1> unas se generan por naturaleza,

<2> otras por arte,

<3> otras, en fin, espontáneamente;

pero todas las cosas sujetas a generación son generadas por algo, provienen de algo y llegan a ser algo.

Y cuando digo "algo", lo entiendo en el sentido de cada categoría, ya que <el "algo"> es eso, o cantidad, o cualidad, o en un lugar.

<1> Las generaciones naturales son aquéllas cuya generación procede de la naturaleza

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Aquello

    1. de donde las cosas se generan es lo que <nosotros> llamamos materia;
    2. aquello por lo cual son generadas es alguno de los seres naturales;
    3. y, finalmente, el algo que llega a ser es un hombre o una planta o cualquier cosa de este tipo, a las que consideramos realidad en sentido primordial.

 

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Ahora bien, todas las cosas que se generan, sea por naturaleza, sea por arte, poseen materia: cada una de ellas, en efecto, tiene la posibilidad tanto de ser como de no ser, y esa posibilidad es precisamente la materia que reside en cada cosa.

En general, después, aquello a partir de lo cual algo se genera es naturaleza y también conforme a lo cual algo se genera es naturaleza (ya que lo que se genera posee una naturaleza, como, p.e., planta o animal), y <más aún> aquello por lo cual es generado es naturaleza: <naturaleza considerada en el sentido de forma, que es similar a la de lo generado (aunque ella, por cierto, está en otra cosa: un hombre, en efecto, genera un hombre).

 

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Es, entonces, de este modo que tiene lugar el proceso de generación de las cosas que se generan por naturaleza.

<2> Las demás generaciones se llaman, en cambio, producciones. Todas las producciones, por su parte, provienen o de un arte, o de una facultad o de un pensamiento. (Pero algunas de ellas se generan tanto espontáneamente como por azar, de modo

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similar al que se da en las cosas que se generan por naturaleza, ya que algunas de estas últimas se generan del mismo modo tanto a partir de una simiente como sin simiente. Pero a este tipo de cosas nos dedicaremos más adelante).

Por arte se generan todas aquellas cosas cuya forma está en el alma [i.e. del artífice]

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(y por "forma" entiendo el lo-que-es de cada cosa particular, es decir, la realidad primera): en efecto, aun los contrarios poseen en cierto modo la misma forma, ya que la realidad de la privación es la realidad opuesta: la salud, p.e., es la realidad de la enfermedad, dado que la enfermedad consiste en la ausencia de salud y la salud, en cambio,

5

es la noción que está <presente> en el alma <del médico>, es decir, el conocimiento. El estado de salud se genera cuando <el médico> razona de la siguiente manera: puesto que el estado de salud consiste en tal y cual cosa, para lograr el estado de salud deberá darse esa tal y cual cosa, p.e., <cierto> equilibrio, y para conseguir ese equilibrio se necesitará calor. Y <el médico> sigue razonando de ese modo hasta que, finalmente, llega a aquel término último que él mismo tiene la posibilidad de producir. El movimiento

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que efectúa entonces el médico partiendo de ese término último se llama producción y es el movimiento orientado a la curación. De ello se desprende que, en cierto modo, la salud se genera de la salud, así como de la casa se genera la casa, [se entiende:] la que posee materia de la que carece de materia. En efecto, la medicina y el arte de la construcción son respectivamente la forma de la salud y de la casa, y al decir realidad "que carece de materia" me estoy refiriendo a lo-que-es.

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En las generaciones y movimientos <hay dos momentos>: uno se llama pensamiento; el otro, producción. El que procede del principio y de la forma se llama pensamiento, mientras que el que procede del último término al que llega el pensamiento, se llama producción. De modo similar se generan también cada una de las demás cosas que son intermediarias. Pongamos el siguiente ejemplo: para sanar es preciso restablecer cierto equilibrio [de las funciones corporales]. ¿En qué consiste, entonces, ese equilibrio? Consiste en tal y cual cosa, y ella podrá lograrse por efecto del calor. Y ¿qué es producir

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calor? Tal y cual otra cosa. Pero esta última cosa está potencialmente presente, es decir, está ya en el poder del médico producirla.

Así, pues, aquello que produce e inicia el movimiento que conduce a la curación, cuando se da por arte, es la forma que está presente en el alma <del médico>; cuando <la curación>, en cambio, se produce espontáneamente, <3> es precisamente el mismo que aquél del que comienza a operar quien lo hace por el arte.

En el proceso de curación, el principio consiste, seguramente, en la producción de calor (y esto se logra mediante la fricción); en consecuencia, el calor que está en el cuerpo, o bien es él mismo una parte [constitutiva] de la salud, o bien es seguido, sea inmediatamente, sea a través de muchos pasos, por alguna otra cosa que es parte [constitutiva] de la salud. Y este último término es el que produce una parte de la salud,

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y, en tal sentido, es él también parte de la salud, así como en una casa sus partes son, p.e., las piedras, y <lo mismo> en otros casos. En consecuencia, tal como lo estamos diciendo, toda generación sería imposible si no hubiera algo preexistente.

Es, pues, evidente que una parte <del producto> tendrá necesariamente que <pre>existir: y la materia, en efecto, es una parte (pues está contenida en la cosa que se genera y ella misma, además, es generada). Pero entonces, ¿está también la materia

1033 a 1

contenida en el concepto? Ciertamente, nosotros decimos que son las esferas: tanto enunciando su materia, que es el bronce, tanto mencionando la forma, que es tal configuración determinada y que constituye el género próximo en el cual se ubica la esfera. Por lo tanto, la esfera de bronce posee, entonces, la materia en su concepto

5

Aquello a partir de lo cual –como materia- se generan algunas cosas, sirve pues para denominarlas, cuando ellas están ya generadas, pero no se les da el mismo nombre de esa materia, sino un nombre derivado de él; p.e.., de la estatua no decimos que es de "piedra", sino "de piedra". Y si al hombre que sana de una enfermedad no lo llamamos con el nombre de ésa, es porque en ese caso el proceso de generación se produce a partir de la privación y del sustrato, que constituye lo que llamamos materia (y así, p.e.,

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sanan tanto el hombre como el enfermo). Sin embargo, es preferible decir el proceso de generación parte de la privación (p.e., que alguien de "enfermo" se vuelve "sano" más que de "hombre" se vuelve "sano"). Por lo tanto, al sano no se lo llama "enfermo", sino "hombre" y "hombre sano". Y en aquellos casos en que la privación no es evidente y carece de nombre p.e., en el caso del bronce, la privación de tal o cual figura, o, en el caso de ladrillos y maderas, la privación de la forma de casa-, puede aceptarse que ellos se generan a partir de estos materiales de manera similar al caso de "sano" que se genera a partir de "enfermo". Y, en consecuencia, así como en este último caso lo que se genera no recibe el mismo nombre de aquello de lo que se genera, tampoco ahora puede decirse que la estatua es "madera", sino que por derivación, decimos que "de

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madera" y no "madera", o "de bronce" y no "bronce", o "de piedra" y no "piedra", o que la casa es "de ladrillos" y no "ladrillos". Por cierto, si se hace una atenta consideración, no podrá decirse, en modo pleno y absoluto, que la estatua se genera de la piedra ni la casa de los ladrillos, porque aquello a partir de lo cual ellas se generan debe cambiar y no permanecer como era. Por esos motivos, entonces, nos expresamos tal como lo hicimos.

 

 

 

 

1033 a 24

Capítulo 8

 

Lo sujeto a generación es generado por algo (y al decir esto me refiero al punto de partida y principio de la generación), proviene de algo (que no es la privación sino la materia) –y el modo en que lo entendemos ya lo hemos precisado- y llega a ser algo

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(esto es, una esfera o un círculo o cualquier otra cosa, sea cual fuere). Ahora bien, así como nadie produce el sustrato, por p.ej., el bronce, así tampoco nadie produce la esfera, a menos que sea por accidente, ya que la esfera de bronce es una esfera, pero la esfera que alguien produce es precisamente una esfera-de-bronce. Producir un "esto", en efecto, consiste en hacer que a partir de un sustrato haya un "esto" (lo que quiero decir es que hacer redondo al bronce no consiste en producir ni la redondez ni la esfera, sino otra cosa, a saber, esa determinada forma en algo diferente a ella, porque si pudiera producir la forma, tendría que ser producida a partir de alguna otra cosa, esto es, tendría que haber algo subyacente.

 

1033 b 1

Supongamos, en efecto, que alguien produce una esfera de bronce: lo que hace es producir, a partir de tal y cual cosa –que es el bronce- tal otra cosa –que es la esfera-). Entonces, si también produjera la forma misma, es evidente que tendría que producirla de la misma manera, y las generaciones irían al infinito.

 

5

En consecuencia, es claro que la forma –o como quiera que deba llamarse la configuración que se da en lo sensible- no se genera y que no hay generación ni de ella ni de lo-que-es (pues este es precisamente lo que se genera en otra cosa, ya sea por arte, por naturaleza o <por obra de> una facultad). Lo que se puede producir es una esfera-

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de-bronce, y la produce a partir del bronce y a partir de la esfera; en efecto, se produce una forma en una determinada cosa y esto es precisamente la esfera-de-bronce.

Por cierto, si hubiera generación del ser de la esfera en general, debería haber una cosa que derivase de alguna otra. En efecto, lo sujeto a generación no tiene que ser siempre divisible, es decir, tendrá que ser, por un lado, esto y, por otro, esto otro, lo cual debe entenderse en el sentido que debe ser por un lado materia y, por otro, forma. Y si la esfera es la figura cuyos puntos equidistan todos igualmente del centro, en ella tendría

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que distinguirse, por un lado, aquello que en ella es producido, y el todo ser <así> lo generado, a saber, la esfera-de-bronce.

De lo dicho resulta bien claro que <a>lo que se denomina "forma" o "realidad" no se genera; en cambio, lo que sí se genera es el compuesto, que toma de ella su nombre y <b> que en todo lo generado está contenida una materia, y que <c> lo generado es por un lado materia y, por otro, forma.

 

20

Ahora bien, ¿tendremos que admitir al margen de las esferas particulares, o una casa, al margen de las casas que son de ladrillos? <No>, pues <a> si así fuese, jamás podría generarse un "esto"; además, <b> las Formas indican que son de una cierta naturaleza, pero ellas no son un "esto", es decir, algo determinado. Lo que produce y engendra a partir de eso es algo de una cierta naturaleza, y, una vez engendrado, resulta un "esto" que posee cierta naturaleza. El todo, que es un "esto", p.e., Calias o Sócrates, son de la misma manera que una particular esfera de bronce, mientras que "hombre" y

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"animal" son a la manera de la esfera de bronce en general. Es por lo tanto evidente que el carácter de causa que algunos suelen atribuir a estas Formas –si hubiera Formas tales al margen de las cosas particulares- carece de toda utilidad para dar razón de las generaciones y las realidades; y <b>, además, por estos motivos, tampoco podrían

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ser realidades subsistentes por sí mismas. <c> En algunos casos, sin duda, es también evidente que quien engendra es tal como es lo engendrado, aunque, sin embargo, no sean idénticos ni construyan una única cosa numéricamente, sino específicamente, como p.e. en el caso de los seres naturales –un hombre, en efecto, genera un hombre- salvo que se trate de una generación contra natura, como la del caballo que engendra una mula (pero aun en tales casos el proceso es semejante, pues lo que de común podría haber entre el caballo y el burro, es decir, un género más próximo, carece de nombre, pero indudablemente comprende a ambos, como la mula. Resulta así evidente que

1034 a 9

no hay necesidad de conferir a la forma el carácter de modelo (tendrían que buscarse con mayor razón en los seres naturales, dado que son ellos realidades en modo principal),

5

sino que basta que quien genera produzca y sea causa de que la forma se de en la materia. El todo que finalmente resulta es una forma de determinada naturaleza que se da en estas carnes y en estos huesos, a saber Calias y Sócrates: y aunque difieran por la materia (pues ella es en ambos diferente) son idénticos por su forma (ya que son indivisibles).

 

1034 a 9

Capítulo 9

Podría uno muy bien preguntarse por qué algunas cosas se suceden tanto por arte como espontáneamente, la salud, p.e., mientras que otras no, como p.e., una casa. La causa de esto reside en que, en el primer caso, la materia –que es principio de la generación en el producir y generarse de algunas de las cosas que son generadas por arte y que es una parte [constitutiva] de la cosa generada –es capaz de moverse por sí misma, mientras que, en el segundo caso, en cambio, no <puede moverse por sí misma>; y, además, en el primer caso, puede moverse de una determinada manera y, en el segundo

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no: hay muchas cosas, en efecto, que pueden moverse por sí mismas, pero no de una determinada manera: p.e., no pueden danzar. Todas las cosas, pues, que poseen una materia de este tipo, como las piedras, no pueden moverse de una determinada manera, salvo que sean movidas por otra cosa [por ejemplo, el fuego], aunque sí por sí mismas de otra de otra determinada manera. Por este motivo, algunas cosas no

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podrían existir sin el que posee el arte [p.e., la casa], mientras que otras sí pueden existir sin él: en efecto, ellas [estas últimas] podrán ser movidas por aquellas cosas que no poseen el arte, pero que pueden ser movidas ellas mismas por otras cosas [agentes] que no poseen el arte, o bien por una parte de ellas.

De lo dicho resulta claro también que en cierto modo todas las cosas se generan a partir de un homónimo –como los seres naturales-, (la casa, p.e., se genera a partir de una casa, en cuanto es generada por el pensamiento, ya que el arte es la forma), o bien de una parte homónima, o bien de algo que posee una parte, a menos que se trate de

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misma. Así, el calor que está en el movimiento produce calor en el cuerpo, y este calor que está en el cuerpo o bien salud o bien una parte de ella, o bien a ese calor le sigue como consecuencia una parte de la salud o la salud misma. Por lo tanto, también puede decirse que el calor produce la salud, porque a aquello que la produce le sigue como consecuencia y le acompaña el calor. De esto se desprende que, como sucede en el

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caso de los silogismos, la realidad es principio de todas las cosas (en el sentido del ti estin): los silogismos, en efecto, parte de qué es, y, en este caso, también parte de él las generaciones.

Los compuestos naturales, por su parte, se comportan de modo similar a los productos artificiales. La semilla, en efecto, opera a la manera en que lo hacen las cosas que operan por arte, ya que posee la forma en potencia y aquello de lo que proviene la semilla

1034 b 1

es en cierto modo homónimo a lo generado. No debe buscarse, en efecto, que en todas las cosas ocurra exactamente igual que en el caso de un hombre que se genera de un hombre, pues también una mujer se genera de un hombre [no es así en el caso de un ser incapaz de generar, razón por la cual una mula no puede generarse de una mula].

Las cosas naturales que se generan espontáneamente, del mismo modo que las producidas

5

por arte, son aquéllas cuya materia puede moverse por sí misma con el mismo movimiento que la semilla produce. Por el contrario, las cosas cuya materia no puede moverse por sí misma, no puede generarse sino por efecto de algo ajeno a ellas.

[Pero no sólo en el caso de la realidad nuestros argumentos muestran que la forma no se genera, sino que estos mismos argumentos son igualmente válidos respecto de todas las cosas que son primeras, como cantidad, cualidad y las restantes categorías

10

En efecto, así como se genera la esfera-de-bronce, pero no la esfera ni el bronce –y lo mismo vale del bronce, en el caso de que sea generado (pues también debe preexistir tanto la materia como la forma)-, así también lo mismo puede decirse en el caso del qué es, de la cualidad, de la cantidad e igualmente de las demás categorías: porque no

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es la cualidad lo que se genera, sino una madera o un animal que poseen cantidad. Partiendo de estas consideraciones es posible advertir una propiedad de la realidad: es necesario que preexista siempre otra realidad en acto que, si se trata, por ejemplo, de un animal, produce un animal; pero en lo que se refiere a la cualidad o a la cantidad, no es necesario que preexistan en acto, sino que es suficiente que preexistan en potencia.

 

 

1034 b 20

Capítulo 10

<1> Puesto que la definición es un enunciado y puesto que todo enunciado posee partes –siendo, además <la relación que se da entre> el enunciado y la cosa similar a <la relación que se da entre> la parte del enunciado y la parte de la cosa-, se plantea ahora la cuestión si el enunciado de las partes debe estar contenido en el enunciado del

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todo, o no. Pues en unos casos están manifiestamente contenidos, mientras que en otros no lo están. El enunciado del círculo, en efecto, no posee el de los segmentos, mientras que el de la sílaba sí posee el de las letras. Y, no obstante, el círculo se divide en segmentos, así como la sílaba se divide en letras.

<2> Además, si las partes son anteriores al todo, dado que el ángulo agudo es una parte del recto y el dedo una parte del animal, el ángulo agudo tendría que ser anterior

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al recto, y el dedo anterior al hombre. Pero se admite, por el contrario, que tanto el ángulo recto como el hombre son anteriores <a sus partes>: anteriores en cuanto al enunciado, puesto que las partes se enuncian a partir de aquéllos, y anteriores, además, porque pueden existir sin sus partes.

<1´> Sucede que "parte" se dice de múltiples maneras, y según una de ellas, <parte> es lo que mide <otra cosa> con respecto de la cantidad. Pero este primer significado dejémoslo de lado, y examinemos, en cambio, aquellas cosas que, en tanto partes,

1035 a 1

constituyen la realidad. Si entonces, hay por un lado materia, por otro, forma y, por otro compuesto de ambas, y la realidad es tanto la materia, como la forma y el compuesto de ambas, debe decirse que, que en algunos casos, la materia es parte de algo, mientras que, en otros, no lo es, sino que en ellos, por el contrario, deben considerarse partes

5

aquellas cosas que constituye el enunciado de la forma, p.e.: la carne no es parte de la concavidad (pues aquélla es la materia sobre la que se da la concavidad), mientras que de la chatura sí es parte de la carne. Y el bronce es una parte de la estatua, pero de la estatua en tanto compuesto y no de la estatua entendida como forma (pues, ciertamente, debe enunciarse la forma y cada cosa en tanto posee una forma, pero jamás debe enunciarse el compuesto material por sí mismo). Y por eso, el enunciado de

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círculo no contiene el enunciado de los segmentos, mientras que, en cambio, el enunciado de la sílaba sí contiene el enunciado de las letras, porque las letras, en efecto, son partes del enunciado de la forma, y no son materia, mientras que los segmentos son parte del círculo pero en el sentido de materia sobre la que se realiza <la forma>. Sin embargo [y no por esto deja de ser cierto lo anterior], ellos están más próximos a la forma que el bronce a la forma esférica, cuando ésta se produce en él. Y en cierto sentido tampoco las letras de la sílaba están, todas ellas, contenidas en el enunciado, como

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p.e. estas particulares letras grabadas en cera o en aquellas otras que resuenan en el aire: éstas son ya parte de la sílaba en el sentido de materia sensible. Y en efecto, si bien la línea, al ser dividida en mitades se destruye, o bien el hombre se destruye al ser dividido en huesos, nervios y carne, no puede concluirse sin embargo que recta u hombre

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estén constituídos de esas cosas en el sentido de que sean las partes de la realidad, sino de su materia y, si bien son partes del compuesto, ellas no son de ningún modo partes de la forma ni de aquello a lo que se refiere el enunciado. Por lo tanto, tampoco están contenidas en los enunciados. En consecuencia, en algunos casos el enunciado de tales partes estará contenido en enunciado del todo, mientras que en otros casos no estará contenido [salvo que no se trate del compuesto]. Y es por este motivo que

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algunas cosas están constituídas por aquellas partes –a la manera de principios- en los que pueden dividirse, mientras que otras, no. Todas las cosas, entonces, que están contenidas de materia y forma, como lo chato o el círculo de bronce, se resuelven en ellas [i.e.: materia y forma] y la materia constituye una de sus partes. En cambio, todas aquellas cosas que no están compuestas de materia, sino que carecen de ella y cuyos enunciados son únicamente enunciados de la forma, no se resuelven en ellas, si no de

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un modo general, no precisamente al menos de aquel modo. De esto resulta que si bien ellos son principios y parte de los compuestos [materiales], no pueden ser ni principios ni partes de la forma. Y por ese motivo, la estatua de arcilla se resuelve en arcilla, la esfera se resuelve en bronce. Calias se resuelve en carnes y huesos y, además, el círculo se resuelve en sus segmentos, porque hay, por cierto, también un círculo compuesto

1035 b 1

de materia; en efecto, se denomina homonímicamente tanto el círculo tomado en sentido absoluto como el círculo particular, por el hecho de que no hay un nombre que corresponda con propiedad a los círculos particulares.

<2’> Aunque con esto hayamos dicho ahora la verdad, debemos, sin embargo, retornar la cuestión para tratarla con mayor claridad. Las partes de un enunciado, en las que ese enunciado puede dividirse, son anteriores, a todas o bien algunas. El enunciado del ángulo recto no se resuelven en el enunciado del ángulo agudo sino que, por el contrario, el del ángulo agudo se resuelve en el del ángulo recto: ya que el ángulo agudo es

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precisamente aquel ángulo que es menor que un recto. Y es similar el caso del círculo y del semicírculo, puesto que el semicírculo se define recurriendo al círculo, así como el dedo se define recurriendo al todo del que forma parte, ya que el dedo es precisamente una determinada parte del hombre. De esto resulta que aquellas cosas que son partes en sentido de materia y en las que una cosa se resuelve, también en tanto materia, son posteriores; aquéllas, en cambio, que son partes, pero del enunciado y de la realidad considerada como en el enunciado [i.e., como forma], ellas son anteriores, o todas o

15

algunas.

Y, puesto que el alma de los seres vivos (que es, en efecto, realidad del viviente) es la realidad considerada en el enunciado, es decir, en la forma y lo-que-es de un determinado cuerpo (ciertamente, cuando se quiera definir bien cada miembro particular no podrá prescindirse de su función <propia>, que no es darse sin la sensación), de esto

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se desprende que las partes del alma, ya sean todas o algunas de ellas, son anteriores al compuesto animal y, sin duda, lo mismo puede afirmarse del animal particular; pero el cuerpo y sus partes, en cambio, son posteriores a aquella realidad, y aquello que puede resolverse en esas partes como en su materia no es la realidad sino el compuesto. En un sentido, entonces, las partes del cuerpo son anteriores al compuesto: mientras que en otro sentido no lo son (ya que ellas tampoco pueden existir separadas del cuerpo: el dedo no es en todos los casos dedo de un ser vivo, sino que si está muerto, es un dedo sólo por homonimia).Hay, sin embargo, algunas partes del cuerpo que existen

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simultáneamente con el compuesto, son ellas las partes que son principales y que constituyen aquello primario en lo que se apoyan tanto el enunciado como la realidad, p.e., el caso del corazón o del cerebro –y cual sea de los dos efectivamente es algo que carece de importancia-. Por el contrario, hombre, animal y cualquier otro de este tipo que se aplique a los individuos particulares, pero tomados como universales, no son sustancias, sino un compuesto de un determinado concepto [i.e.: forma] y una determinada materia, considerada universalmente; pero si se considera únicamente al individuo

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particular, p.e., Sócrates, éste sólo debe considerarse a partir de la materia próxima. Y lo mismo ocurre en los casos similares.

<1> Hay, entonces, parte tanto de la forma (y por "forma" entiendo lo-que-es) como del compuesto de forma y materia, y aun de la materia misma. Sin embargo, sólo las partes de la forma son partes del enunciado, y el enunciado es <siempre> del universal: ser círculo [i.e.: esencia del círculo] y círculo son lo mismo, así como también son lo

1036 a 1

mismo ser alma [i.e.: esencia de alma] y alma. Por el contrario, del compuesto, p.e., de este círculo o del algún otro círculo particular, sensible o inteligible –y al decir "inteligible" me refiero, p.e., a los círculos matemáticos y con "sensibles" aludo, p.e., a círculos

5

de bronce o madera- de los compuestos, digo, no hay definición, sino que se los conoce a través de la intuición o de la sensación; pero cuando no están más actualmente presentes [a la intuición y a la sensación], no nos resulta claro si existen o no; no obstante se los enuncia y conoce siempre mediante un enunciado universal. La materia, por su parte, es por sí misma incognoscible. [Hay, por un lado, materia sensible y, por otro,

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materia inteligible: sensible es, p.e., el bronce, la madera y toda otra sujeta a cambio; inteligible es, en cambio, la materia que pertenece a las cosas sensibles, pero no en tanto sensibles, como las entidades matemáticas].

<2> Hemos explicado, pues, hasta ahora aquello que concierne al modo en que se dan el todo y las partes, así como lo anterior y lo posterior. Quedaría por responder a

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quien se le ocurriese preguntar si son anteriores el ángulo recto, el círculo o el animal, o bien las partes que en ellas se resuelven y de las que están constituídos, que la cuestión no es simple de resolver.

Porque, en efecto, si el alma es el animal o el ser viviente y si el alma de cada individuo es el individuo mismo, y si el ser del círculo es el círculo, y el ser ángulo recto, y la realidad del ángulo recto, deberá decirse que, en un sentido, el todo es posterior a las partes y a las partes consideradas en cierto modo: p.e., es posterior [entiéndase: el ángulo

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recto particular] a las partes del enunciado y a las primeras partes del ángulo recto particular (en efecto, un ángulo recto de bronce es un ángulo recto que se da con una materia, así como también un ángulo recto [inteligible] que está formado por dos líneas particulares). El ángulo recto no posee materia, en cambio, es posterior a las partes del enunciado, pero anterior a las partes que pertenecen a un ángulo recto particular. La cuestión, pues, no puede resolverse de un modo simple. Pero si se dijera que el alma es diferente del animal y no es el animal, aun en ese caso habría que afirmar que, en

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un sentido, las partes son anteriores y que, en otro sentido, no, tal como se dijo.

1036 a 26

Capítulo 11

Podría muy bien preguntarse <ahora> cuáles son partes de la forma y cuáles no lo son, sino <que son partes> del compuesto. Por cierto, si ello no queda en claro, no es posible definir ninguna cosa, ya que la definición es, en efecto, del universal y de la forma. Por consiguiente, si no está bien claro cuáles son las partes materiales y cuáles no lo

30

son, tampoco quedará en claro cuál es enunciado [concepto] de la cosa.

En las cosas que vemos realizarse sobre <materias> de diferente naturaleza, como p.e., el círculo, que se realiza en el bronce, la piedra o la madera, resulta evidente que ni el bronce ni la piedra constituyen nada de la realidad del círculo, porque el círculo puede ser considerado con independencia de ellos. Pero aun en el caso de que aquellas

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osas que no pueden considerarse con independencia <de la materia>, nada impide que ellas se comporten de manera similar a las anteriores. Supongamos, p.e., que

1036 b 1

todos los círculos que pudieran verse fueran de bronce; aun en ese caso, tampoco podría decirse que el bronce es una parte de la forma, aunque resultare difícil para nuestro pensamiento, prescindir de él. La forma del hombre, pongamos por caso, se manifiesta siempre en carne, huesos y partes de ese tipo, ¿son ellas, entonces, parte de la

5

forma y del enunciado? ¿O bien no lo son, y son, en cambio, materia, pero por el hecho de que <esa forma> no se da sobre otro tipo de cosas, no vemos imposibilitados de considerarla independiente?

Ahora bien, puesto que la separación de la materia parece posible, pero no resulta claro cuándo podrá darse, algunos ya se plantean el problema también en lo que se refiere al círculo o al triángulo, pensando que no conviene definirlos recurriendo a las

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líneas o a la extensión continua, sino que esos casos deben considerarse del mismo modo que la carne y los huesos del hombre y la piedra de la estatua. Así reducen todo a los números y dicen que el concepto de línea es el concepto del número dos. Y entre los defensores de las Ideas, algunos afirman que la díada es la línea, mientras que otros sostienen que la díada es la forma de la línea, porque <según estos últimos> en

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algunos casos son lo mismo la Forma y aquello de lo cual la Forma es Forma (p.e., la díada y la Forma de la díada), pero en el caso de la línea no sucede así. Se sigue de esto, pues, que una es la forma de muchas cosas, cuya forma aparece diferente (<consecuencia> en la que cayeron también los pitagóricos), y así sería posible afirmar que la forma misma de todas las cosas es una y que las demás no son formas. De este modo,

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empero, todas las cosas tendrían que ser una unidad.

Que hay ciertas dificultades respecto de las definiciones también cuál es su causa, ya lo hemos dicho. Es, en consecuencias, superfluo tratar de reducir todas las cosas de ese modo a la forma y dejar de lado la materia, algunas cosas son simplemente esta determinada forma en esta determinada materia o bien son cosas determinadas en tal o cual modo preciso. Y la comparación que, en el caso del ser vivo, solía hacer Sócrates

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el joven, no es adecuada, porque aleja de la verdad y nos lleva a suponer que el hombre puede existir sin sus partes [materiales], así como el círculo sin el bronce. Pero no se trata del mismo caso, pues el animal es un ser sensible y no se lo puede definir con prescindencia del movimiento y, por tanto, tampoco se lo puede definir prescindiendo

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de las partes que se hallan relacionadas de una determinada manera. En efecto, la mano no es, en todos los casos, una parte del hombre, sino sólo en tanto ella pueda cumplir la función que le es propia y, en consecuencia, en tanto se trata de una mano que posee vida, la mano sin vida, por el contrario, no es una parte del hombre.

[Ahora bien, en lo que concierne a las entidades matemáticas, ¿por qué los conceptos [enunciados] no son partes de los conceptos [enunciados], como, p.e., los semicírculos

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no son parte del círculo? Porque los semicírculos no son, por cierto, partes sensibles del círculo. ¿O esto tal vez carece de importancia? En efecto, puede haber algunas cosas que aun sin ser sensibles poseen materia; además posee materia toda cosa que

1037 a 1

no es un lo-que-es, ni una forma en sí y por sí, sino un esto. En consecuencia, los semicírculos no son partes del círculo considerado como universal, pero sí tendrán que

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ser partes de los círculos particulares, como antes se ha dicho. En efecto, hay, por un lado, materia sensible y, por otro, materia inteligible].

Es, además, evidente, que el alma es la realidad primera, mientras que el cuerpo es materia, y el hombre o el animal es el compuesto de ambos en el sentido universal. Y "Sócrates" y "Corisco", si es que también el alma es Sócrates, poseen un doble significado (pues se los puede entender como alma o como compuesto de alma y cuerpo), pero si se los entiende simplemente como esta determinada alma y este determinado cuerpo, lo que se ha dicho del universal se aplica también al particular.

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Ahora bien, si al margen de la materia de las realidades de este tipo, hay alguna otra, y si también debe buscarse alguna otra realidad como números o algo semejante, es cuestión que habrá de examinarse después. Es, en efecto, con este propósito que tratamos de establecer precisiones acerca de las realidades sensibles, porque en cierto

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sentido, la indagación sobre las realidades sensibles es objeto de la Física y de la Filosofía segunda. El físico, en efecto, debe poseer un conocimiento no sólo sobre la materia, sino también sobre la realidad que se expresa en el concepto [enunciado] y más aún sobre esta última.

Con respecto de las definiciones, de qué modo sus partes están contenidas en el enunciado y por qué la definición es un enunciado único (porque evidentemente el objeto es uno, pero ¿en virtud de qué es uno, si es que tiene partes? es algo que deberá

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examinarse más adelante.

Hemos dicho, entonces, <a> qué es lo-que-es y en qué sentido él es por sí en toda cosa en general; y <b> que qué en algunos casos el enunciado de lo-que-es contiene las partes del objeto definido y en otros casos no los contiene; y que <c>, además, en el enunciado de la realidad no están contenidas las partes en tanto son materia –en efecto

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ellas no son partes de la realidad considerada como forma, sino, por el contrario, de la realidad compuesta; de ésta hay, en un sentido, enunciado y en otro no lo hay-. En efecto, de ella no hay definición en tanto esté unida a la materia (pues ella es indefinida), pero sí la hay, por el contrarío, si se la considera según la realidad primera: p.e., el enunciado [concepto] de hombre es el enunciado de alma. La realidad es, en efecto, la

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forma inherente, y el compuesto de forma y materia se llama realidad como p.e., la concavidad (dado que de ésta y de la nariz se forma una nariz chata y la chatura, porque en ellos la nariz está presente dos veces). Por el contrario, en la realidad compuesta, como en nariz chata o en Calias, está también contenida la materia. Hemos señalado

1037 b 1

además, que lo-que-es y cada cosa particular son, en algunos casos lo mismo, como sucede con las realidades primeras (y llamo "primera" a la que no se llama así por el hecho de que una cosa esté en otra, es decir, en un sujeto considerado como materia),

5

mientras que en aquellas cosas que se consideran materia o compuestos de la materia, lo-que-es y la cosa particular no son lo mismo ni siquiera cuando se trata de una unidad accidental, como "Sócrates" y "culto", pues estas cosas, en efecto, sólo coinciden por accidente.

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Capítulo 12

Hablemos ahora, en primer término, de cuanto no se dijo en los Analíticos sobre la definición, porque la dificultad allí planteada resulta de utilidad para nuestro tratamiento

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de la realidad. La dificultad a la que me refiero es la siguiente: por qué precisamente aquello cuyo enunciado [lógos] decimos que es una definición debe ser una unidad, p.e., "animal bípedo" en el caso de "hombre" (digamos que es éste el enunciado de "hombre"). ¿Por qué, en efecto, esto –es decir "animal" y "bípedo" – constituyen una unidad y no una multiplicidad?

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En el caso de "hombre" y "blanco" hay una multiplicidad cuando uno no pertenece al otro, pero se da un unidad cuando uno sí pertenece al otro, es decir, cuando hay un sujeto –"hombre"- que posee una afección: pues en ese caso, en efecto, se forma una unidad, que es "hombre blanco". Pero, en nuestro ejemplo, una cosa [animal] no participa de la otra [bípedo]: se admite, en efecto, que el género no participa de las diferencias (porque si así fuera, resultaría que una misma cosa participaría simultáneamente de contrarios, ya que son contrarias aquellas diferencias en las que se divide el género).

 

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Pero aun cuando el género participase de las diferencias, valdría el mismo argumento, puesto que son varias las diferencias [propias del "hombre"], tales como "pedestre", "bípedo", "áptero". Y bien, ¿por qué estas diferencias constituyen una unidad y no una multiplicidad? No es, sin duda, porque estén contenidas en un mismo género, porque

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en tal caso todas ellas formarían una unidad. Ahora bien, deben constituir una unidad todas aquellas que están en la definición, ya que la definición es un enunciado que tiene carácter de unidad y es un enunciado de la realidad, de ahí que debe ser un enunciado de una cosa única. En efecto, también la realidad es una unidad determinada, es decir, significa un "esto", tal como decimos.

Pero consideremos principalmente las definiciones que se obtienen por división. En la definición no hay ninguna otra cosa más que el género que se llama primero y las diferencias

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Todo los demás son géneros, tanto el primero como las diferencias que se consideran con él, p.e., género primero es "animal"; el que le sigue es "animal bípedo", y, finalmente, a continuación, viene "animal bípedo implume"; y lo mismo sucedería en el caso en que hubiese un número mayor de diferencias. Pero, en general, no tiene

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importancia que sean muchas o pocas, de modo que tampoco importa que haya pocos <términos> o sólo dos. Cuando hay dos términos, uno es la diferencia y el otro es el género: p.e., en el caso de "animal bípedo", "animal" es el género y el otro término, "bípedo", es la diferencia

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Ahora bien, si el género no puede darse absolutamente al margen de las que considerar sus especies, o bien si existe, pero como materia de las especies (la voz, en efecto, es género y materia, y las diferencias forman, a partir de ella, las especies y las letras), entonces es evidente que la definición es el enunciado constituído por las diferencias.

Pero, sin embargo, es también necesario proseguir la división con la diferencia de la diferencia, p.e., la diferencia de "animal" es "provisto de pies". Y, a su vez, será preciso conocer la diferencia de "animal provisto de pies" en cuanto provisto de pies; de ahí

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que, si se pretende hablar con justeza, no podrá decirse que de "provisto de pies", una de las diferencias sea "alado" y la otra "áptero" (y esto lo hará quien no fuese capaz de dividir correctamente), sino que una de las diferencias es "cisípedo" y la otra "solípedo". Estas son, en efecto, diferencias relativas al pie, ya que la característica de ser cisípedo

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es un modo de ser del hecho de tener pies. Y deberá proseguirse de esta manera hasta llegar a aquel punto donde no haya más diferencias. Así, entonces, habrá tantas especies de pies cuantas sean las diferencias y el número de especies de animales provistos de pies será el número de las diferencias. Si esto es efectivamente así, es evidente que la diferencia última tendrá que ser la realidad y la definición de la cosa, puesto

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que no debe decirse muchas veces la misma cosa en las definiciones, pues resulta superfluo. Pero sin embargo esto sucede: p.e., cuando se dice "animal provisto de pies bípedo", no se está diciendo otra cosa más que "animal que tiene pies, que tiene dos pies". Y si aún se dividiera esto con la división que le es propia, se estará diciendo más veces la misma cosa, precisamente el mismo número de veces que las diferencias.

Así, si hay una diferencia de la diferencia, habrá una única diferencia, la última, que

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será la forma, es decir la realidad. (Si, en cambio, se divide conforme a atributos accidentales, p.e., si se quisiese dividir "provisto de pies" en "blanco" y "negro", habrá tantas diferencias como divisiones haya). Resulta, en consecuencia, evidente que la definición es un enunciado constituído por las diferencias y más precisamente por la última de ellas, si es que se divide correctamente. y esto se pondría en claro si se alterase el

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orden de tales definiciones: si, p.e., para definir: "hombre" se dijese "animal bípedo provisto de pies". "Provisto de pies" sería, en efecto, superfluo, después de haber dicho "bípedo". Pero el orden no se da, sin duda, en la realidad, porque ¿cómo puede pensarse que en la realidad una diferencia sea anterior y otra posterior?

En lo que se refiere, entonces, a las definiciones por división, basta, en principio, lo que hemos dicho sobre sus características.

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Capítulo 13

Puesto que nuestro examen tiene por objeto la realidad, volvamos nuevamente sobre

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ella. "Realidad" se dice del sujeto, de lo-que-es, del compuesto de ambos y <, por fin,> del universal.

De los dos primeros <significados> ya hemos hablado (en efecto, hemos hablado de lo-que-es y del sujeto, y de éste hemos dicho que se entiende de dos maneras: o como

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un "esto", tal como un animal respecto de sus afecciones, o bien como la materia respecto del acto).

Ahora bien, dado que algunos piensan que el universal es causa por excelencia y que el universal es también principio, debemos, entonces, ocuparnos asimismo de él. Parece, en efecto, imposible que cualquiera de los llamados universales sea realidad.

Porque, <1> en primer lugar, realidad de cada cosa en particular, es aquella que es propia de cada cosa en particular, aquella que no pertenece a otra cosa, mientras que

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el universal, en cambio, es algo común, ya que se llama universal precisamente a aquello que pertenece, por su propia naturaleza, a una multiplicidad de cosas. ¿De qué podrá ser, entonces, realidad? Tendría que ser realidad o de todas las cosas o bien de ninguna de ellas. Pero no es posible que sea realidad de todas las cosas; y, si fuera realidad de una única cosa, las demás cosas serían precisamente ella. En efecto, todas aquellas cosas cuya realidad es única y cuyo lo-que-es es también único, deben ser ellas mismas una única cosa.

<2> Además, se llama "realidad" a aquello que no se dice de un sujeto, mientras que

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el universal, en cambio, se dice siempre de algún sujeto.

<3> Pero es universal, si bien no puede ser realidad al modo de lo-que-es, ¿no puede, acaso, ser inherente a éste, tal como "animal" es inherente a "hombre" y a "caballo"? Y si es así, es evidente que tendrá que haber un enunciado de él. No importa que el enunciado no comprenda todo aquello que está en la realidad; porque no por eso

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será [i.e.: el universal] menos realidad de una cosa –así como "hombre" es realidad del hombre [particular] en el caso que es inherente-, de donde resulta que, nuevamente, ocurrirá lo mismo en este caso: el universal será realidad de aquello en cuya especie es inherente como una propiedad.

<4> Además, es imposible y aun absurdo que un "esto" y una realidad, si resultan de algo, no resulten de <otras> de otras realidades o de un "esto", sino de una cualidad, porque en tal caso lo que no es realidad –más precisamente la cualidad- serían anteriores

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a la realidad y al esto. Pero eso es imposible: ni desde el punto de vista conceptual, ni temporal, ni desde el punto de vista de la generación es posible que las afecciones sean anteriores a la realidad, porque si lo fueran deberían también ser independientemente de la realidad.

<5> Además, en Sócrates está contenida una realidad, de donde resultaría que tendría que haber realidad de dos cosas [i.e. de Sócrates y de hombre].

<6> Y, en general, si "hombre" y todo lo que así se dice, es realidad, sucede entonces que nada de lo que está comprendido en el enunciado [de ésos] podrá ser realidad de

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algo ni podrá ser independientemente de las cosas particulares ni en otra cosa. Con ello quiero decir que, p.e., no hay un cierto y determinado animal al margen de los animales particulares, ni nada de lo que está contenido en los enunciados.

<7> De estas consideraciones se desprende con claridad que nada de lo que es universal es realidad y que nada de lo que se predica en común significa un "esto" [tóde ti],

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sino un algo que tiene tales o cuales características [un cual, "toiónde"]. Si no fuera

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así, se desprenderían muchas otras dificultades y también <el argumento de> "el tercer hombre".

<8> Más aún: el asunto resulta también claro de este otro modo: es imposible, en efecto, que una realidad esté constituída por realidades que le son inherentes en acto, porque en tal caso habría dos cosas en acto y no una sola en acto. Pero si, en cambio,

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hubiera dos cosas en potencia, podría haber una unidad en acto (el doble, p.e., está constituído por dos mitades, aunque sólo en potencia: el acto, en efecto, separa). En consecuencia, si la realidad es una unidad, no podrán éstas estar constituídas por realidad que le sean inherentes, y en tal sentido Demócrito tiene razón cuando dice que es

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imposible que de dos cosas se forme una o que de una se formen dos, dado que él considera que las magnitudes que son indivisibles son las realidades. Y lo mismo vale también, evidentemente, en el caso del número, si es que el número es precisamente una composición de unidades, tal como algunos sostienen: pues, o bien la dualidad no es una unidad, o bien la unidad no está en ella en acto.

Pero esta conclusión presenta una dificultad. Porque si es imposible que una realidad

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esté constituída por universales –por el hecho de que éstos significan tales o cuales características [toiónde] de una cosa y no un "esto" –y, si, además, ninguna realidad puede ser un compuesto de realidades en acto, toda realidad, entonces, tendría que ser algo no compuesto [asyntheton] y, en consecuencia, no podría haber enunciado de ninguna realidad. Pero sin embargo, todos admiten, sin duda, y ya se ha dicho antes, que, o bien hay definición únicamente de la realidad, o bien hay definición de ella en modo

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principal; y ahora, en cambio, parece que no puede haber definición ni aun de ésta, y, si es así, no podrá haber definición de nada. Tal vez podríamos decir que, de una manera, la hay y, de otra manera, no la hay. Pero lo que acabamos de decir resultará más claro a partir de lo que expondremos más adelante.

 

 

 

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Capítulo 14

Partiendo de estas mismas consideraciones, puede advertirse claramente cuáles son las consecuencias que se derivan para quienes afirman que las Ideas son realidades, que son separadas, y que sostienen al mismo tiempo que la forma está constituída por el género y las diferencias. En efecto, si hay formas y si "animal" está presente en "hombre" y en "caballo",

<1> o bien "animal" tendrá que ser [en hombre y en caballo] uno y el mismo numéricamente,

<2> o bien deberá ser diferente [en ambos numéricamente] (porque conceptualmente no cabe duda que "animal" es uno: quien lo define da, por cierto, en ambos casos, el mismo enunciado).

Si, entonces, hay un hombre en sí y por sí [una forma de hombre], que es un "esto" y

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es separado, necesariamente sus constituyentes, a saber, "animal" y "bípedo", deben indicar un esto y ser, también ellos, separados y realidades: en consecuencia, también "animal" [debe ser un esto separado y una sustancia].

<1> Si suponemos, pues, que es uno y el mismo el <animal> que está presente en "caballo" y en "hombre", así como tú eres uno contigo mismo,

<a> ¿cómo podrá ser uno el <animal> que está presente en seres que son separados y por qué motivo este animal no tendrá también que estar separado de sí

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mismo?

<b> además, si <"animal"> es por participación de "bípedo" y de "polípedo", resulta como consecuencia algo imposible, porque a algo que es uno y es un esto le corresponderán a un mismo tiempo atributos contrarios; y si, en cambio, <animal> no <es por participación de ellos>, ¿qué deberá entenderse cuando se diga que "animal"

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es "bípedo" o "dotado de pies"? Tal vez esto pudiera significar que ellos están yuxtapuestos y en contacto o que están mezclados. Todo esto, sin embargo, es absurdo.

 

<2> Supongamos, entonces, que "animal" es diferente en cada caso. Si así fuera,

<a> serían innumerables, por así decirlo, las especies cuya realidad de "animal", porque no es por accidente que "hombre" deriva de "animal". Además,

<b> el animal en sí sería múltiple, porque

<i> el animal que está en cada una de las especies sería reali-

dad

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<de esa especie> (dado que de cada especie no se

predica otra cosa sino "animal"; si de ella se predicase otra

cosa, "hombre" derivaría de esta otra cosa y esta otra cosa

sería su género) y, además

<ii> serían Ideas todas aquellas cosas que constituyen a

"hombre". Pero no puede lo que es Idea de una cosa ser

realidad de otra (porque es imposible). Por lo tanto, el

"animal" presente en cada una de las especies de

animales será el animal en sí. Además,

<c>¿de qué otra cosa podría ser provenir este animal <presente en cada una de las especies> y cómo podría derivar del animal en sí ¿O cómo puede ser posible que "animal", cuya realidad es precisamente esto mismo <a saber, animal> puede existir aparte del animal en sí?

<3> Agreguemos todavía que, en el caso de las cosas sensibles, también se producen estas consecuencias y otras aún más absurdas. Si, pues, estas consecuencias son imposibles, es evidente que no hay formas de las cosas sensibles a la manera en que algunos lo sostienen.

 

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Capítulo 15

Puesto que "realidad" es por un lado el compuesto (synolon) y, por otro, la forma conceptual (y con esto quiero decir que el primero es una realidad que es de una cierta manera, o sea, [constituída por] la forma unida a la materia, mientras que la segunda es la forma en cuanto tal), las realidades que son de una cierta manera están sujetas a corrupción (ya que también están sujetas a generación), pero la forma, en cambio, no es de una manera tal que pueda corromperse (pues también está sujeta a generación, ya que, p.e., lo que se genera no es el ser de la casa sino el ser de esta o aquella casa

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particular). Las formas son y no son, con prescindencia de generación y corrupción. Se ha mostrado ya, efectivamente, que nadie las genera ni las produce.

Es por este motivo que de las realidades sensibles particulares no puede haber definición ni demostración, porque ellas poseen una materia cuya naturaleza es tal que puede tanto ser como no ser; de ahí que son corruptibles todas ellas. Si entonces la

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demostración, así como la definición científica corresponden a las realidades que son necesarias y si, como es posible que la ciencia sea a veces ciencia y otras veces ignorancia, no puede haber demostración ni definición sino sólo opinión de aquello que

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puede ser de otra manera, es evidente que de las realidades particulares sensibles no podría haber ni definición ni demostración. Las cosas corruptibles son, en efecto, oscuras aun para quien posee la ciencia, no bien se alejan del campo de la sensación, y aunque se conserven en el alma los conceptos de ellas, no podrá haber de ellas ni definición ni demostración. Es por lo tanto necesario, en lo que concierne a la definición,

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que cuando se intente definir alguna de las cosas particulares, no se ignore que tal definición puede ser refutada, porque ciertamente, no es posible definirlas.

Tampoco es posible definir una Idea, porque la Idea es un individuo particular, según dicen, y es separada. En efecto, una definición necesariamente está compuesta de

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nombres y quien define no podrá acuñar un nombre nuevo, porque en tal caso la definición sería incomprensible, pues los nombres establecidos por el uso son comunes a todas las cosas a las que designan. Ellos, en consecuencia, deben necesariamente corresponder a otra cosa diferente de aquélla a la que definen. Si, p.e., alguien quisiera definirte a ti, diría que eres un animal delgado, blanco o que posee algún otro carácter que tendrá que pertenecer también a otra cosa. Y si se objetase que no hay motivo alguno que impida que todos estos caracteres, tomados uno a uno por separado, pertenezcan

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a una multiplicidad de cosas y que, en cambio, tomados juntos pertenezcan sólo a una determinada cosa, podría respondérsele,

<a> en primer lugar, que ellos pertenecen también a las dos cosas [i.e.: a ambas partes de la definición], como, p.e., "animal bípedo" pertenece tanto a "animal" como "bípedo" (y esto vale también necesariamente en el caso de las realidades eternas, ya que "animal" y "bípedo" son tanto anteriores al compuesto como partes de una realidad separada. En efecto, o bien ni "animal" ni "bípedo" son separados, o bien lo son ambos: en el caso de que no fueran separados [ni el uno ni el otro], no existiría el género fuera

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de las especies y, si, en cambio, son separados, también la diferencia será separada). Además, porque "animal" y "bípedo" son anteriores al compuesto y no desaparecen si desaparece el compuesto.

<b> En segundo lugar, si las Ideas están constituídas por Ideas (puesto que los constituyentes son más simples que el compuesto), esas Ideas de las que está constituída la Idea deberán predicarse de muchas, como, p.e., "animal" y "bípedo". Si así no fuera, ¿cómo podría conocérselas? Se trataría, en tal caso, de una Idea que no se podría predicar

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de más de una cosa. Pero eso no parece admisible, sino que toda Idea es participable.

Como lo hemos dicho, entonces, pasa inadvertida la imposibilidad de definir en el ámbito de las realidades eternas, especialmente en el caso de aquéllas que son únicas, como el sol o la luna. Porque no sólo se comete el error de añadir <en la definición> aquellos caracteres que puedan eliminarse sin que el sol, por ello , deje de ser, como

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"girar alrededor de la tierra" o "esconderse de noche" (pues si el sol se detuviese o brillase de día, ya no sería sol; pero resultaría absurdo que el sol no siguiese siendo sol, porque el sol significa una cierta realidad). Pero <también se comete un error si se agregan> caracteres que convienen a otras cosas; p.e., si se generase un objeto diferente con tales caracteres, es evidente que sería sol y, en consecuencia, la definición sería común a ambos. Pero se ha dicho que el sol es una cosa particular, como Cleón o

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Sócrates. Y, después de todo, ¿por qué ninguno <de los sostenedores de las Ideas> proporciona una definición de Idea? Si lo intentase, se pondría sin duda en claro la verdad de lo que acabamos de decir.

 

Capítulo 16

Es evidente que también la mayor parte de las consideradas comúnmente realidades

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son potencias, como las partes de los animales (ninguna de ellas, en efecto, es separada; y cuando se hallan separadas, entonces son, todas ellas, sólo como materia), y también la tierra, el fuego y el aire: ninguno de ellos es una unidad, sino una suerte de conglomerado, antes de que hayan sido informados y que de ellos se genere alguna

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cosa una. Ahora bien, en particular podría suponerse que las partes de los seres vivos y las partes del alma correspondientes se dan de ambas maneras, es decir, son tanto en acto como en potencia, por el hecho de que poseen movimientos procedentes de un punto que se halla en las articulaciones, razón por la cual algunos animales continúan viviendo aun cuando hayan sido seleccionados. Pero incluso en esos casos, es sólo en incompleta, ya que tal cosa es una malformación.

 

 

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Pero, dado que "uno" se dice de tantas maneras como "ser" y la realidad de lo que es uno es una y, además, puesto que aquellas cosas cuya realidad es numéricamente una son numéricamente una unidad, es evidente que ni lo uno ni el ser pueden ser considerados realidades de las cosas, como tampoco pueden serlo el ser elemento o el ser principio. Pero nosotros buscamos cuál es el principio, a fin de remontarnos a algo más

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cognoscible. De esas nociones "ser" y "uno" son realidades con mayor derecho "principio" y "elemento" o "causa", pero ni aun aquellos que son en verdad realidad, puesto que nada que sea común es realidad. La realidad, en efecto, no pertenece más que a sí misma o bien a aquello que la posee y cuya realidad ella es. Además, lo que es uno no puede ser en muchos lugares simultáneamente. De esto se sigue con toda claridad que

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ninguno de los universales es al margen de los particulares y separados de ellos.

Sin embargo, quienes sostienen las formas, en un sentido están en lo cierto, cuando afirman que son separadas, puesto que son realidades, pero en otro se equivocan, ya que conciben a la forma como una "unidad sobre la multiplicidad". La raíz de esto está

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en su incapacidad de explicar cuáles son esas realidades de naturaleza incorruptibles, aparte de las particulares y sensibles; en consecuencia, las hacen específicamente idénticas a las realidades corruptibles (pues a éstas las conocemos) y hablan, p.e., de "hombre en sí" y de "caballo en sí", añadiendo a los hombres de las cosas sensibles la expresión "en sí".

Sin embargo, aun en el caso de que jamás hubiésemos visto los astros, no por ello –creo yo- serían menos realidades eternas, aparte de las que nosotros conocemos. De

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esto resulta que, en el caso presente, aun cuando no podamos aprehender cuáles son esas realidades incorruptibles, al menos es necesario admitir que hay algunas.

En consecuencia, queda en claro que ninguno de los llamados universales es realidad y que tampoco es realidad ninguna cosa constituida por realidades.

Capítulo 17

A qué es menester denominar realidad y cuál es su naturaleza, digámoslo ahora de

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nuevo, abordando la cuestión desde otra perspectiva, pues de estas consideraciones pueda, quizás, lograrse alguna claridad acerca de aquella realidad que existe separada de las realidades sensibles.

Puesto que, en efecto, la realidad es un principio, es decir, una causa, ésta debe ser,

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Buscar el porqué es preguntarse siempre por qué una cosa pertenece a otra. En efecto, buscar por qué el "hombre culto" es "hombre culto" significa buscar o bien lo que acabamos de decir –o sea, por qué el "hombre" es "culto"- o bien significa otra cosa. Ahora, preguntarse por qué una cosa es ella misma significa no buscar nada (ya que el qué y su ser deben de antemano resultar manifiestos –me refiero, p.e., al hecho de que la luna se eclipse-; en efecto, el hecho de que una cosa sea ella misma es la única razón y la única causa aducible para responder a toda pregunta del tipo "¿por què el

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hombre es hombre?" o "¿por qué el culto es culto?". A menos que se respondiese que cada cosa es indivisible de sí misma, lo cual no es sino afirmar su unidad; ésta es, empero, una respuesta general que se aplica a todos los casos y es, además, sumaria).

 

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Aquello que, por el contrario, podría muy bien preguntarse es por qué el hombre es un animal de tal o cual tipo. En este caso, es obvio que no se pregunta por qué quien es hombre es hombre, sino que se busca más bien por qué una cosa que se dice de otra pertenece a esta otra (y que pertenece a otra debe ser claro, porque de lo contrario, la pregunta carece de sentido). Por ejemplo, ¿por qué truena? Significa "¿por qué se produce un ruido en las nubes?" Así, pues, lo que se busca es precisamente por qué una

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cosa se afirma de otra. Y lo mismo en el caso de que se pregunte por qué tales o cuales cosas, p.e., ladrillos y piedras, son una casa.

Es, pues, manifiesto que lo que se está buscando es la causa [y ella es, hablando conceptualmente, el lo-que-es], o sea, en algunos casos, el fin, como ocurre sin duda con la casa o la cama, y en otros, en cambio, el motor próximo, ya que él también es causa. Pero mientras que este segundo tipo de causa se busca en el caso del generarse

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y del corromperse, el primero, en cambio, se busca cuando se trata del ser.

Lo que estamos buscando se vuelve particularmente oscuro en aquellos casos en que un término no se dice de otro, p.e., cuando nos preguntamos "¿qué es hombre?", porque

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en este caso nos hallamos frente a una expresión simple y no especificamos que tales y cuales cosas son esto otro. Es necesario, pues, formular la pregunta sólo después de haberla articulado convenientemente, porque, de lo contrario, resultará lo mismo no buscar nada y buscar algo. Y puesto que la cosa debe estar y ser de antemano,

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es evidente que, en lo que toca a la materia, la pregunta es por qué ella es tal cosa determinada. Por ejemplo: ¿por qué tales y cuáles determinadas cosas son una casa?; porque en ellas está presente el ser casa. De la misma manera se dirá que un hombre es esta determinada cosa, o bien que él es este cuerpo que posee tal determinación. De esto se sigue que lo que se está buscando es la causa de la materia [es decir, la forma] por la cual la materia es algo determinado; y esto es, en efecto, la realidad.

Es evidente, entonces, que en el caso de las notas simples, es imposible la indagación y la enseñanza y que tales cosas tendrá que haber otro tipo de indagación [diferente

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del señalado antes].

En efecto, lo que está compuesto de algo es tal que el todo constituye una unidad, no como un agregado, sino a la manera de la sílaba. Y la sílaba no consiste en las letras que la componen: ba no es idéntica a b y a a, así como tampoco la carne es fuego y tierra (porque una vez que los compuestos se han disuelto, los todos –a saber, la carne y la sílaba- ya no son más, pero las letras siguen siendo, así como el fuego y la tierra).

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La sílaba, en consecuencia, es algo determinado que no se reduce sólo a las letras –vocal y consonantes- sino algo diferente de ellas; y la carne, por su parte, no es sólo fuego y tierra, ni calor y frío, sino algo diferente. Ahora bien, eso diferente debiera ser

<a> o bien un elemento,

<b> o bien un compuesto de elementos;

<a> si fuera un elemento, valdría entonces el mismo argumento anterior (porque la

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carne tendría que estar constituída de ese elemento, además del fuego y de la tierra, y si ese elemento fuese diferente de la carne, se iría entonces al infinito;

<b> si fuese, en cambio, un compuesto de elementos, es obvio que no lo sería de un único elemento sino de varios (de lo contrario sería él mismo ese elemento), de manera que en este último caso podríamos repetir el mismo argumento utilizado a propósito de la carne o de la sílaba. Parecería, en cambio, que este algo más es algo determinado y

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no un elemento, sino precisamente la causa de que tal o cual cosa sea carne y tal o cual cosa sea sílaba, y de modo similar también en los demás casos.

Ese algo más, entonces, es la realidad de cada cosa (pues es, en efecto, causa primera del ser de cada cosa). Y puesto que algunas cosas no son realidades, pero las que son realidades están constituídas conforme a la naturaleza [y por naturaleza], resultaría evidente que es realidad esta naturaleza misma, que no es un elemento sino un principio, ya que "elemento" es aquello en que una cosa puede dividirse, dado que es inherente a ella en calidad de materia, tal como, p.e., a y b son elementos de la sílaba.